Imbéciles

Para quien quiera buscar en las hemerotecas, tendrá entretenimiento asegurado a igual cantidad que indignación. Pero también encontrarán una muestra clara, una prueba irrefutable, de que en España somos cada día más imbéciles.

Escuchamos promesas hechas por políticos que no sólo no se cumplen, sino que se contradicen con los actos una vez llegan al gobierno. No es ninguna exageración decir que las últimas tres administraciones de gobierno de este país han sido a cual más mentirosas e inútiles. Es normal que la gente esté hasta el moño de la clase política.

Pasamos de los inútiles del PP de la época del mandamás Don José Mari, a quien, cual capo mafioso, si le molestabas el día de la boda de su hija en el Escorial, podías despertar con una cabeza de caballo en la cama, sin trabajo, desastrado, etc., o bien podrías recibir una oferta que no pudieras rechazar, siempre que fueras buen amigo suyo, como el mafiosete de segunda Villalonga que se quedó por la cara con Telefónica, o su mujer, que de manera pura y exclusivamente nepótica acabo de alcaldesa no electa de Madrid.

Después, nos toco el “talantoso” Zapatero, que empezó con muy buen pie en sus medidas sociales, como la ley de dependencia o la del matrimonio homosexual, grandes culminaciones del sistema democrático en nuestro país; que seleccionaba personas de talento y valía para los ministerios, como Chacón, Soria, Sevilla, Caldera, Gabilondo… pero que después los cambió por personas del partido, cuyo mayor mérito era lamer como nadie culos ajenos, como Pepe Blanco o Leire Pajín. Todo se torció cuando se olvido que la gente que le votaba era mayoritariamente progresista y de izquierdas, y comenzó a llevar a cabo el tipo de medidas que te esperarías de un Aznar descafeinado, pero al fin y al cabo Aznar, es decir, dañinas de necesidad.

Y salimos de Guatemala para caer en Guatepeor. Si podíamos decir que Zapatero era, sino el peor, al menos el segundo peor presidente del gobierno de España en toda su historia democrática, fuimos tan imbéciles de votar al tío que perdió no una, sino dos veces contra él. No hay que ser muy hábil para ver que las cosas no iban a ir bien. Y aquí las tenemos: más paro aun que con Zapatero, adiós a la ley de la dependencia, privatizaciones a mansalva por todo el territorio, y un compromiso adquirido con los grandes bancos de financiar primero la deuda que tenemos con ellos aunque se nos mueran unos cuantos por el camino al no haber dinero para la sanidad, o aunque la siguiente generación sea más imbécil aun que la nuestra por los recortes en educación. Claro, que bien pensado, seguro que eso está planeado, porque cuanto más imbéciles, más votos sacan los Rajoys, Zapateros y compañía.

En definitiva, que cada vez nos lucimos más, cada vez demostramos al mundo que, mientras hay países en vías de desarrollo, el nuestro está en vía de estupidización. Más nos valdría irnos a las cavernas, con los desgraciados del periodismo TDT derechón, que al menos nos íbamos a hartar de insultar.

¡Mierda de país!

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