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La crisis de la democracia I: El derecho a la desobediencia civil

El sistema democrático está en crisis. En otros artículos he mencionado los problemas relativos al fallo en el sistema representativo, o a cuestiones de soberanía. En éste me gustaría incidir sobre una cuestión básica: la credibilidad de la democracia como buen sistema de gobierno.

Evidentemente, cualquier crítica al sistema democrático supone que todos aquellos que se declaran grandes defensores del mismo, aunque se estén aprovechando de él para sus propios intereses sin el menor escrúpulo, se lancen a la yugular del crítico y le tilden de fascista, comunista, o anarquista. Que quede claro, no comulgo con ninguna de esas tres formas de gobierno o ideologías. Pero, y no tengo miedo a decirlo, tampoco comparto el extraordinario y falso amor a la democracia actual que profesan algunos.

Y no me refiero a la democracia de manera genérica, sino que especifico: la democracia actual, aquella que estamos sufriendo en el mundo occidental en general, y en España en particular. Esta democracia está secuestrada, no es representativa de la soberanía ciudadana, y no atiende a los intereses de la sociedad. La soberanía reside en los mercados, quienes, a través de grupos de presión de grandes empresas y asociaciones, logran que las leyes favorezcan sus intereses a costa del bienestar de los ciudadanos. Eso es todo lo contrario de lo que debería ser una democracia.

Por tanto, no tengo miedo a afirmar que no creo en esta democracia. No confío en ellos, no me siento representado, y considero que las leyes que se derivan de su actuación son ilegítimas, carecen de fundamento democrático genuino, y no cumplen los requisitos para ser respetadas de buena voluntad.

Si respeto las leyes impuestas por esta pseudo-dictadura, es por la presión coercitiva que ejercen los gobernantes mediante el uso del código penal, es decir, por el miedo a un castigo. Este miedo se verá superado cuando una gran cantidad de gente responda de manera unánime a este atentado contra su bienestar, y los movimientos de desobediencia civil se ratifiquen como serios y activos.

La desobediencia civil no es un delito, es un derecho. Gandhi, que no parece ser un ejemplo de persona malvada, ni un terrorista, ni un delincuente, dijo claramente “Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer”. En el preámbulo de la Declaración de los Derechos Humanos, se especifica que “considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

Por tanto, es momento para que empecemos a darnos cuenta de que no todas las leyes están para ser cumplidas, si entendemos, como ciudadanos responsables, que existen justificaciones para considerar una ley como injusta. De la misma manera que entiendo que no tengo la obligación de pagar las deudas de otros, no tengo por qué pagar con mis impuestos o con recortes en las prestaciones sociales a las que tengo derecho, y que el Estado tiene la obligación de proporcionarme, las deudas de aquellos que, mediante la especulación, se han estado aprovechando del sistema económico.

Continuará…

  1. LA VERDAD
    2 julio 2013 a las 19:41

    MUERTE AL TIRANO

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