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Corrupción a la española

Cada día se me hace más difícil llevar mi rutina diaria con alegría. Me despierto, acudo al aseo para comenzar a parecer una persona decente después de pocas horas de sueño, y me dirijo con ansia hacia la cocina para servirme un café bien cargado y leer los titulares de las noticias. Sin embargo, toda la alegría con la que uno se puede despertar cada día se viene abajo cuando lee la sección nacional de cualquier periódico. He intentado por activa y por pasiva alejarme de esta rutina diaria, pero me siento vacío sin poder comenzar mi jornada informado, así que acepto las consecuencias.

Lo primero que me he encontrado hoy ha sido esta noticia sobre Juan José Güemes, ese “excelso” político que se dedicó a privatizar parte de la sanidad madrileña mientras era consejero del ramo en el gobierno de la comunidad autónoma, y que ahora cosecha lo que plantó, pues la empresa de la que es consejero se ha quedado con la adjudicación de aquello que privatizó.

Más allá de lo habitual de la noticia, más allá de las “casualidades” existentes, como que este pícaro político está casado con Andrea Fabra, la hija del mafioso de Castellón que construye aeropuertos sin aviones, y que considera que las personas que están al borde de la pobreza por culpa del gobierno de Rajoy y sus delincuentes tienen que “joderse” mientras a su papi querido siempre le toca la lotería, resulta que lo que más me sorprende es que el bueno de Güemes todavía no esté en prisión.

Es algo que no consigo entender, y que pido, encarecidamente, a algún buen samaritano con conocimientos legales, que me lo explique. ¿Cómo es posible que una persona que ha estado vinculada a un ramo concreto de la administración pública, y que ha tomado decisiones que han beneficiado al sector privado, forme parte de ese sector privado de manera tan descarada sin que entre en conflicto ético y legal con su anterior desempeño?

Es más, ¿cómo es posible que haya gente aun que defienda este tipo de actitudes? ¿Qué le pasa a la gente que no solo vota, sino que defiende ardientemente la administración de estos pendencieros? ¿Qué ocurre en la mente de alguien que ve cómo el estado del bienestar del que disfrutaba se desmantela y aun así lo aplaude? ¿Somos tontos? ¿Sois tontos? ¿Cuánto falta para que acabemos de forma tajante con estas prácticas corruptas? ¿Cuánto vamos a esperar antes de darnos cuenta de que la justicia está secuestrada por las mismas prácticas y nos tomemos la labor de enjuiciar y cambiar el sistema nosotros mismos?

¡Qué pena y qué asco de país!

Añado una actualización: Güemes nos llama tontos a nosotros. Manda huevos, que diría Trillo.

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