El adiós

Hace mucho tiempo que estoy retrasando esta entrada. Y mis razones para ello no son las habituales (demasiado trabajo, estrés, exámenes, asuntos familiares o personales…), sin el más puro y simple hastío. Hastío hacia la situación en la que nos encontramos. Hastío hacia la previsión de futuro, los negros nubarrones y demás agoreros pronósticos.

Me canso de la crisis. Me canso de una crisis que no he creado, de la que no soy responsable. Me canso de que la sociedad no actúe. Me canso de esperar con ilusión que el siguiente movimiento sea el definitivo para acabar con esta estafa y con la gente que la ha gestado. Me agota saber que no hay salida porque los borregos ciudadanos de la mayoría siguen confiando, extrañamente, en aquellos que nos han traído a esta situación para que nos saquen del embrollo que ellos mismos han creado. Me canso de la estupidez de las masas, del militarismo de los acólitos de los partidos, del lameculismo de los responsables políticos, de la nulidad y falta de efectividad de un sistema, la democracia, que se ha desnudado lo suficiente para mostrarnos que no funciona. Me canso de las elecciones, de los políticos, de los alcaldes y los ministros, de los curas y los obispos, de los periodistas vendidos y de los medios adulterados. Estoy hasta la coronilla de la puñetera crisis y de sus resultados. He perdido mi futuro, he tirado a la basura tanto dinero y esfuerzo en educarme, que resulta desesperante observar cómo toda posibilidad de aprovechar mis habilidades se esfuma por que yo soy íntegro, leal a una ética decente, respetuoso con el resto de la humanidad, mientras que las masas adoran y veneran a los miserables que les arrancan el pan de las manos y se lo dan a los oligarcas de turno.

No nos equivoquemos, las cosas claras y el chocolate espeso: la democracia es un fraude. Al menos, tal cual está planteada. No estamos eligiendo a las personas más aptas para gobernarnos, sino a las más inútiles. Y esto ocurre porque el sistema, de arriba a abajo, está corrupto. La única renovación posible pasa por un alzamiento de los ciudadanos para tomar el poder efectivo. ¡Pero la masa de ciudadanos está más pendiente de ver si ganamos la eurocopa que de su propio futuro!

La educación ha fracasado. El humanismo ha muerto. La decencia está enterrada en lo más profundo junto con él. Los intelectuales huyen despavoridos de nuestro país, o se quedan resignados poniendo copas en un bar mientras la turba inculta se emborracha y grita. los colegios, institutos y universidades cada día se parecen más a guarderías donde los niños de papá se mezclan con los maleducados hijos de padres irracionales; las carreras están capadas, controladas por el mundo empresarial y por los tentáculos del politiqueo. Los hombres y mujeres cultos de este país ven como sus oportunidades de cambiar las cosas pasan irremediablemente por la violencia, puesto que las palabras inteligentes caen en saco roto cuando se dirigen a la masa de borregos que, cada cuatro años, elige entre lo malo y lo peor, sin rechistar, emocionados y convencidos de estar haciendo lo correcto.

La ética está humillada. La virtud moral ha caído en el olvido, masacrada por la corrupción de todos y cada uno de los estamentos e instituciones de la sociedad. Sin exclusiones. Los políticos se encuentran al frente de la ignominiosa lista de despojos y excrementos de la humanidad, seguidos por banqueros, empresarios, sindicatos, clero, monarquía, y demás astutos imbéciles que, con el nivel cultural y la inteligencia de una garrapata, esquilman sin vergüenza el llamado estado del bienestar, llevándose a su paso todo aquello que se interponga en su camino. La nueva virtud es la avaricia, que ha terminado por reventar en pedazos la riqueza de las naciones, vender a los ciudadanos como esclavos de los mercados, agotar el planeta hasta que nos quedemos sin recursos, y asesinar sin escrúpulos a todos aquellos elementos del sistema que “sobran”.

El futuro está vendido. Somos la generación perdida ¡porque así lo hemos querido! Podríamos habernos levantado a protestar, pero preferimos quedarnos a dormir cinco minutos más, para pasar la resaca del botellón de anoche. Antaño, la revolución fue un interesante método para cambiar las cosas cuando el pacifismo y el progreso no violento se detenían sin resultados. Hoy en día, es impensable que un joven español de clase media baja tome una piedra y se la lance a un polícia, esperando que varios millones de personas le sigan y así poder cambiar las cosas. Estamos castrados, nuestra voluntad y nuestra valentía descansan en nuestros armarios, mientras las lágrimas de desesperación inundan nuestros rostros. La cobardía impera en el mundo moderno. El que algo quiere, algo le cuesta, y nadie está dispuesto a pagar un precio elevado mientras pueda sentarse en su sofá con una cerveza en la mano y telecinco en el televisor.

La cultura está en retroceso. El arte, compañero inseparable del humanismo, decae irremediablemente mientras ascienden los espectáculos más marrulleros y asquerosos. La telebasura, el fanatismo deportivo y la tauromaquia permanecen en el ideario colectivo, mientras desaparecen orquestas, cierran teatros y editoriales, y la lectura se convierte en el refugio de unos pocos frikis que atesoran  tanta cultura como inactividad. EL enchufismo y la corrupción han convertido al sistema educativo en una sarta de mentiras que favorece al mejor colocado y no al más valioso. La inteligencia y la cultura son despreciadas, mientras que el apellido y las amistades abren puertas. La mediocridad domina el mundo, y esto ocurre porque nadie le ha querido poner freno.

Así que, despidiéndome de la crisis y toda la mierda que la rodea, renuncio a seguir luchando por cambiar las cosas. Nadie me ha agradecido nunca mis ideas, mis intentos de unirnos y luchar, así que, resignado, me convierto en simple espectador de la decadencia y previsible muerte de un mundo que podría haber llegado a ser bueno. Viviré mi vida lo mejor que pueda, y arrasaré con lo que haga falta para ello. ¿Quieren que seamos deshonestos? ¿Quieren que seamos tramposos como ellos? ¿Quieren que nos burlemos de la ley? Pues es lo que acabarán por tener. Las personas íntegras y con fuertes convicciones éticas acabaran marchándose o aislándose en su propia soledad. En mi caso, así será. Desprecio a toda la gente que nos ha traído a esta desesperante situación.

Mi consejo para el resto: vivid como podáis, y no os preocupéis si os lleváis por delante a cualquiera de esos mamarrachos que os están destrozando el futuro. ¡Que les zurzan! Y, si algún día ocurre un milagro e instalan una guillotina en la Puerta del Sol, a lo mejor las cosas cambian. Aunque yo no tengo esperanza en que vaya a ocurrir.

  1. Erebus
    25 junio 2012 a las 11:16

    Amigo mío, ya sabes que suscribo la mayoría de las opiniones que viertes aquí. Sabes que gente como tú o cómo yo estamos condenados a estar solos la mayoría del tiempo. Yo también estoy profundamente desencantado con todo lo que rodea este país y sus circunstancias, desde los millones de borregos que se dejan anestesiar con cualquier gilipollez hasta los responsables de toda esta hez pública.
    Mientras el sistema siga así, no hay posibilidad de cambio. Y creo que seguirá así por muchos más años de los que estoy dispuesto a ver. Si alguien pone una guillotina en Sol, sabes que seremos de los primeros en dar una lista de prioridades (habrá que inventar algún eufemismo para esto también, ¿no?)
    Tu dolor y el mío son síntomas de estos tiempos tan malos que vivimos. Yo tampoco veo mi futuro, y siento mi cultura y mis grandes capacidades sistemáticamente despreciadas en este país y en este sistema pensado por y para chupopteros. De puertas afuera de nosotros mismos es un campo yermo y desolado en el que poco podemos hacer aparte de tratar de escapar o buscar algo de agua en los cactus para al menos no morir de sed. Los únicos consuelos que me quedan, como supongo que a ti también te pasa, son los que puedo conseguir por mi mismo, que en este caso son la música y los libros. El resto de cosas que hay afuera no hacer nada aparte de ver impotente como se deterioran y como los culpables nunca pagan por sus errores y sus crímenes. En mi casa hace mucho tiempo que no vemos telediarios ni compramos prensa escrita, lo cual no me impide enterarme de todo con espantosa y cruel precisión. Y es horrible. Todo es locura y estupidez. Y estoy harto. Así que más o menos estoy en el mismo punto que tú.
    Sic finis gloriae mundi. A la mierda.

  2. 25 junio 2012 a las 11:34

    Ya que abres la veda de latinismos:

    Ad augusta per angusta (A resultados grandes por vías estrechas)

    Y uno que te resultará familiar:

    Aequat Omnes cinis (La ceniza nos iguala a todos), Séneca.

    A la mierda, sin duda, a la mierda.

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