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Perversión del lenguaje

Recesión

 Acudimos, como siempre, a una escenificación de la realidad por parte de los políticos. Ahora toca cambiar las palabras, de nuevo, para hacer que lo que es malo, suene menos malo. El nuevo ministro de economía,  de Guindos, califica la recesión como una desaceleración o un crecimiento negativo. Analicemos esto: crecimiento negativo. Cualquier persona que se detenga a pensar en ello se dará cuenta del fantástico pero pobre eufemismo que supone esta expresión. Un crecimiento negativo es un decrecimiento, un retroceso. Claro que, decir ahora, justo cuando acabas de llegar al gobierno prometiendo que sacarás adelante todo, prometiendo confianza, inmensas capacidades y muchos resultados, llegar ahoar, como digo, y reconocer que lo que vas a conseguir es un retroceso, suena demasiado mal.

Es como cuando se habla de “ajustes” para nombrar a los recortes sociales, o cuando se habla de “flexibilidad en el empleo” para hablar de despido libre, o cuando se habla de “copago sanitario” o “Ticket moderador” para hablar de in nuevo e injusto impuesto sobre la sanidad y los medicamentos.

Debemos huir de las perversiones del lenguaje, y acudir a lo concreto, a lo claro, a lo evidente, esto es, a que nos están intentando engañar, y a que lo están consiguiendo sin que nosotros hagamos nada por evitarlo. La única solución que podríamos poner encima de la mesa es una serie de huelgas generales, una paralización del país para protestar por la mierda que están intentando que nos traguemos; deberíamos salir a la calle y protestar como es debido, sin tomar plazas acampando sin que lleve a ningún lugar, sino con contundencia, con claridad, con verdadera indignación. Y que no osen, esa desgracia de chusma que tenemos por políticos, que no osen decir que planteemos soluciones nosotros: ´¿para qué les pagamos? ¿Para que se sigan enriqueciendo a costa de nuestro bienestar? ¿Para que fomenten la especulación, premien a los especuladores, y acaben por matarnos de hambre?

Esto ya no es una cuestión de intención, es una cuestión de paciencia: si no queremos hacer nada, sólo hay que esperar pacientemente y ver que, con el tiempo, todo esto se hundirá y acabaremos esclavizados en manos de los cutro jerarcas financieros que queden, supeditados ya directamente a sus deseos, sin la actual e innecesaria intermediación del mal llamado poder político, porque ni es poder, ni es político.

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