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¿Estado o empresa?

En una entrevista, Rajoy ha afirmado que la ley de la dependencia, o mejor dicho, el gasto que supone tal ley, es insostenible.

Esto significa, a corto plazon una serie de cuestiones importantes: la primera es que centenares de personas que esperaban obtener ayudas no van a obtenerlas; la segunda, que mcuhos que ya las tienen, pueden perderlas; la tercera, que se producirá un retroceso en la visión política que nos proporcionaba mayor reparto de riquezas y mayor concienciación social.

Es difícil conseguir eliminar el chasco generalizado que nos producen las políticas de la última leguislatura del gobierno socialista, pero yo quiero romper una lanza por dos leyes que me parece fundamentales, y que se produjeron en la primera legislatura de la administración Zapatero.

La primera de ellas es la Ley del Matrimonio Homosexual, y la segundo la ley de la Dependencia. A buen seguro habrá más leyes que hayan sido buenas, y desgraciadamente, hay muchísimas más que han sido terribles. la ineptitud de la administración de Zapatero en la segunda legislatura es sólo comparable al despotismo de la segunda legislatura de Aznar, que sembró las causas de la crisis de la vivienda en España, o a los niveles de corrupción política en la última legislatura de Felipe González. Por supuesto, siempre nos acordamos de las cosas malas, pero raras veces vemos las buenas, entre otras cosas, porque raras veces se producen.

Pues bien, estas dos leyes que cito son un gigantesco avance en la concepción del Estado como garante de la equidad social y de la justicia social. Otorgar derechos a todos por igual (Ley del matrimonio Homosexual) es un fundamento que nadie, a dí de hoy, puede negar, por mucho que las políticas neoliberales que hemos sufrido en los últimos tres años y las que vamos a sufrir en los próximos cuatro vayan a destrozar lo poco que quedaba de democracia en nuestro país. La igualdad de derechos es un fundamento clave de la democracia, y ahora mismo está en tela de juicio, porque quien va a ganar las elecciones pasado mañana mantiene un recurso judicial contra esta ley, tan necesaria como lógica, tan beneficiosa como democrática. Por otra parte, con la Ley de la Dependencia, el Estado democrático avanza en la defensa y cuidado de los más débiles y menos favorecidos, generando una justicia social que no tiene comparación en la moderna historia de la democracia española. Su principal error, derivar su gestión a las comunidades autónomas que, gobernadas de manera mayoritaria a día de hoy por una derecha que no concibe la democracia, como hemos visto, como igualdad y equidad de derechos y justicia social, relega tal ley al ostracismo, no cumpliendo con lo que se tenía previsto.

Sin embargo, en un alarde de cinismo político, Rajoy afirma ahora que tal ley no es sostenible. Y aquí no voy a entrar en cuestiones económicas, sino en cuestiones democráticas. En particular, en la concepción de un Estado que puedan tener aquellos que piensen que es el garante de la justicia social, la libertad y la igualdad (posición conocida como liberalismo) o aquellos que piensan que es una simple empresa que ha de obtener beneficios (posición neoliberal). Concebir el estado de esta segunda manera es destruir lo que de democrático tiene. Consiste en privatizarlo todo, pues es la gestión privada la que sólo mira el beneficio, mientras que lo público no se guía por pautas mercantiles, sino que persigue esa equidad de derechos y esa justicia social, sin plantearse que sea rentable o no.

Si consideramos como empresa al Estado, lo primero que ocurre es que la Educación tiene que privatizarse, pues es un fondo vacío donde los beneficios no son materiales. La eduación y la formación tiende, por tanto, a una salida empresarial, eliminando la concepción humanística de la misma, y concibiendola como un paso previo a la obtención de un trabajo para generar dinero. Desde ese punto de vista, colegios, institutos y universidades pasan a estar controlados por las empresas, que tan sólo se interesan en formar a los “peones” del futuro.

El segundo paso es privatizar la sanidad, porque la salud tampoco genera beneficios materiales a corto plazo, por lo que no es sostenible gastar tanto dinero en curar a los pobres ciudadanos. El que tenga dinero, que se cure, el que no, que se muera.

Como se puede ver, en muchos lugares (Madrid, Cataluña) esta tendencia ya ha comenzado. Mi miedo es que se propague a toda España.

El Sábado acudiremos a las radios y televisiones a ver cómo Rajoy celebra su victoria. Parafraseando una conocida película de Ciencia Ficción (Star Wars): “así muere la democrácia, entre vítores y aplausos”.

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