Triste tradición

Ya he hablado sobre esto. Ya he dejado bien clara cuál es mi opinión, pero ya que, un año más, la barbarie de la tradición sin sentido se vuelve a imponer, me siento en la necesidad de volver a hablar sobre ello.

Sí, es cierto, pertenece a nuestra cultura. De la misma manera que pertenece a nuestra cultura la permisividad hacia la corrupción, el gusto por las trampas y atajos, o incluso el derecho de pernada, si nos ponemos a hilar fino. Hay muchas cosas que son culturales, pero no todas son buenas. La cultura es una herencia recibida, es un conglomerado de actitudes y comportamientos, de gustos y acciones, de tradiciones, en definitiva, que nuestros padres llevaron a cabo, y asimismo sus padres, y en muchos casos, remontándose generaciones atrás hasta llegar a tiempos inmemoriales. Sí. Es cultura. Es un rasgo de la famosa españolidad, como la paella y el flamenco, como la zarzuela y la pintura, como el fumar, beber cacao, como los churros y el fútbol, como muchísimas otras actividades.

Pero englobarlo todo es hipócrita y reduccionista. Porque muchos que defienden la tortura sistemática de los toros en honor a la cultura (e incluso al arte, que es un concepto que aun no he conseguido comprender ni definir), estallarían en llantos y se rasgarían  las vestiduras viendo lo mismo hecho a su perro, o a un pobre cervatillo del campo. Es hipócrita, es falso, es decadente y, para mi visión del mundo (que quede claro que es para la mía, anticipándome a las críticas) es profundamente inmoral, porque refleja una necesidad de superioridad que se muestra en una desigual pugna entre un animal racional y uno irracional, en el que la ventaja siempre es del hombre, en el que la victoria llega con el sufrimiento innecesario de una criatura que no tiene ni siquiera la capacidad para decidir. Es bárbaro, porque muestra un gusto por la violencia gratuita que excede cualquier comprensión racional. Es decadente porque nos ata a una tradición pasada que no tiene ningún interés en el futuro, ni siquiera en el presente. Es analfabetizante, porque no aporta ningún conocimiento de provecho, ningún placer intelectual, ningún añadido a nuestra mente, a nuestra cultura, a nuestra formación.

Tan sólo aporta lo que es: violencia gratuita, odio (no solo al toro, al que se mata, sino hacia aquellos que no estamos de acuerdo con tales actos), un sinsentido de acto innecesario e incoherente, que muestra a aquellos que gozan con ello como seres atrapados en un pasado al que no quieren renunciar, por un “no se sabe qué” que les hace anteponer un sentimiento heredado a la comprensión de la inutilidad de la tortura y muerte de un animal indefenso.

Pero todo esto no sirve de nada. Año tras año, observamos como el Estado sigue subvencionando al mundo taurino (que sin esa subvención probablemente ya habría desaparecido) en lugar de promover más el teatro, el cine, la música o la pintura, por ejemplo. Observamos como cada año se cometen más tropelías, como ceder la competencia de tales asuntos al ministerio de educación y cultura, sin pestañear ante el indignante hecho de considerar que una corrida de toros o que un brutal alanceamiento puedan aportar algo a la altura de una ópera o una escultura. Observamos como miles de personas, enfervorizadas por la promesa de violencia, acuden a eventos tan brutales como el toro de la Vega de Tordesillas, deseosos de pertenecer a un grupo de gentes que disfrutan con la tortura y muerte de un ser vivo de manera gratuita, sin necesidad, sin objetivos, sin razón.

Yo conozco a mucha gente así. Y quiero a mucha gente así, a pesar de las diferencias que estos hechos suponen. No me va a quitar nada ese sentimiento. Pero desearía que el mundo avanzara por una vez, y se reflexionara sobre algo tan sencillo como esto: ¿nuestros hijos serán mejores personas por ver una corrida de toros, o por ver un museo?

  1. Anónimo
    14 septiembre 2011 a las 18:53

    Es curioso: nadie se plantea recortar las subvenciones de la administración en esto, ahora que se recortan tantas cosas.

  2. Ahypnos
    15 septiembre 2011 a las 15:46

    Yo no vuelvo a hablar porque he descubierto que soy rortiana, y que tiendo a pensar que la gente cada vez está más cabreada y lo ve como más barbarie (vease el trending topic de twitter el día que era… ) osea que estamos en el buen camino. Cuesta, sí, pero poco a poco…. Lo malo de twitter es que ya se le ha olvidado a todo el mundo…

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