Escuela de violencia

Uno de los argumentos que se esgrimían ayer en la manifestación contra el toro de la vega de Tordesillas era la educación: ¿queremos que los niños crezcan en la cultura de la violencia, de la irrespetuosidad hacia los seres vivos, y en el culto de un machismo testicular que roza el ridículo? ¿Queremos que nuestros hijos sean educados en la idea de que la valentía es plantarse delante de un animal atolondrado, estresado y torturado, clavarle una lanza, cortarle los testículos y exibirlos como trofeo?

Si eso es lo que queremos, nuestra sociedad está fuera de tiempo. Estamos en una época en que el respeto al prójimo es esencial, pero no somos capaces de respetar al único prójimo que jamás levantaría una mano amenazadora y alevosa hacia nosotros, al único prójimo que nos enseña que la naturaleza es lo único que cuenta. ¿Acaso somos incapaces de sentir piedad hacia aquellos que son más débiles que nosotros? ¿En qué nos diferenciamos entonces de aquellos grandes torturadores de la historia de la humanidad que tanto deploramos? ¿Nos lamentamos por las muertes indiscriminadas e injustas de millones de personas en los actos salvajes de unos pocos tarados, pero somos como el frío hielo cuando vemos sufrir a un animal en manos de millares de enfervorecidos aficionados a la tortura y el cruel asesinato de un ser vivo?

Hay decenas de excusas que nos pueden plantear los taurinos en favor de la llamada “fiesta nacional”. Ninguna de ellas se basa en el respeto y el amor hacia el resto de los seres vivos, por no decir que muchas de ellas son pamplinas que no tienen ni sentido ni razón.

Recapacitemos, ¿es éste el mundo que queremos?

  1. 15 septiembre 2008 a las 12:25

    Fernando Manero ha escrito también sobre este asunto en su blog. Amador Sánchez lo hizo hace unos días.
    Estoy de acuerdo con los tres.
    Saludos,
    Diego

  2. 15 septiembre 2008 a las 12:31

    Si, leí ambos blogs, pero esperé hasta después de la manifestación para unirme.
    Saludos.

  3. 15 septiembre 2008 a las 12:31

    Tienes toda la razón. La soberbia humana no tiene límites cuando de humillar y maltratar a los débiles se trata. Pero algo está cambiando en la cuestión que ambos denunciamos, y a cuya denuncia se suma la excelente reflexión de Amador Sánchez. Hace cinco años nadie o muy pocos levantaban la voz contra el Toro de la Vega, que la Junta de Castilla y León respaldo en época del inefable Lucas como presidente. Hoy poco a poco, año tras años, se dejan oir las protestas y empiezan a fraguarse en los despachos los recursos contra esa salvajada. ¿Sobrevivirá a esa ofensiva?. No lo veo tan fácil, pero torres más altas han caido y aqui no ha pasado nada. Carlos Gallego dice hoy en El Norte que esta cosa tiene los días contados. Estaremos atentos. Un cordial saludo

  4. 16 septiembre 2008 a las 12:14

    Por cierto, he escuchado hoy en una de estas tertulias de políticos que hacen en la tele por la mañana un comentario bastante curioso: un hombre (claramente posicionado políticamente en el conservadurismo)que aludía que no comprendía estas salvajadas que se hacen en el toro de la vega, pero que no debería mezclarse esto con el “arte del toreo”. Me parece que muchos aún no han comprendido que los que protestábamos el domingo (y por extensión todos los militantes pro derechos de los animales) lo hacíamos no sólo contra el toro de la vega, sino contra todo el maltrato hacia los seres vivos. Y sí, muchos plantean que cómo es esto posible si gran parte de los asistentes y militantes en estas tendencias son favorables al aborto y la eutanasia en ciertos casos. Es sencillo, la vida plena de cualquier animal, incluyendo su muerte, debe ser lo más digna posible, y tanto un nacimiento no deseado como una muerte innecesariamente horrible son defensas de la vida plena y digna.
    Por supuesto, aquellos que no quieren entenderlo seguirán ocupados en defender que el toreo es un arte, e incluso dirán que si no existiera la tauromaquia, se extinguiría la especie del toro de lidia (soberana sandez, pues morir en una plaza de toros humillado y torturado no es el sino natural de ningún animal).
    Lo siento por la perorata, pero me ha sorprendido la tergiversación y la ignorancia de los defensores de la tauromaquia.

  5. 16 septiembre 2008 a las 15:08

    Quizá no es el mundo que queremos pero es el unico lugar donde dan bien de comer. (Woody Alen [más o menos])

  6. Artur
    16 septiembre 2008 a las 17:16

    Ayer estuve en Tordesillas y no se me ocurrió nada mejor que decir que estoy en contra del toro de la Vega. Bueno! como se pusieron muchos: porque es nuestra fiesta, porque somos unos machos, porque cómo puedes decir eso… En fin, yo es una cosa que detesto, y que respeten mi opinión igual que yo les respeto porque les guste aunque no comparta.
    Es una asquerosidad absoluta ir con unos caballos y con unas lanzas a clavárselas a un toro, no tiene sentido, bueno sí, quizás el económico… que es el que al fin y al cabo interesa.

    Saludos

  7. amador
    16 septiembre 2008 a las 17:56

    Hoy se ha consumado la barbarie. Solo cabe agradecer la brevedad, 12 minutos. Podía haber sido peor.
    Totalmente de acuerdo con Fernando, los argumentos para continuar con todo esto son de risa. De lo que nunca oigo hablar como argumento a favor es del importante negocio que resulta para unos cuantos: ganaderos, toreros,empresarios de plazas de primera,… .

  8. 16 septiembre 2008 a las 19:07

    Si, al final pasa lo que dice Artur, que el interés económico es el que cuenta, y la tauromaquia, por desgracia, sigue moviendo demasiado dinero.
    Ójala eso cambie algún día.

  9. Nuria.
    17 septiembre 2008 a las 8:50

    Si nos basaramos en el respeto al prójimo y en el amor hacia todos los seres humanos, las tradiciones que hay en nuestro país (como la de Tordesillas) desaparecerían.
    Y yo me pregunto, ¿por qué este tipo de tradiciones solo las hay en España y en el resto de Europa no las hay?
    seguimos siendo tercermundistas… por mucho que digamos lo contrario…

    un saludo

  10. 17 septiembre 2008 a las 10:31

    En el resto de Europa existen también tradiciones bárbaras, como la matanza de ballenas que hacen en las islas Feroe, o la caza del zorro en Inglaterra. Lo que ocurre es que son más prácticos, y encontrarás barbaridades a manta, siempre enfocadas a un interés práctico (como lo de cebar a las ocas en Francia para obtener mayor cantidad de paté, hinchándoles el hígado con comida a presión hasta que mueren). Y no olvidemos que la barbarie de la tauromaquia se extiende, porque además de que la tradición existe en Portugal y en América, el sur de Francia cada vez está más poblado de taurinos.
    Pero estoy de acuerdo con que somos únicos. España es una de las enseñas del maltrato animal.

  11. 10 octubre 2008 a las 18:27

    Uno de los principales argumentos que esgrimen los defensores de esta ridiculez gore es “que es una tradición”, pero hay una forma muy sencilla de responderles. Sólo hay que responder que la tradición no justifica el hecho. No puede porque si no acabas en el relativismo blando en el que todo vale (vale, esto es también de primero, pero la lección me llego al alma). Recuerdo cuando estaba en primero de Bachillerato tecnológico y la profa de filosofía nos pregunto que nos parecía que las mujeres musulmanas llevaran burka, e increiblemente, y en aras de la tolerancia, la mayoria dijimos que nos parecía bien.
    Si justificas el toreo, por extensión y por coherencia (eso que no está muy de moda) tendrías que justificar el burka y un montón de burradas y brutalidades que se hacen bajo el escudo de la tradición y que no dejan de ser brutalidades, muchas veces abyectas y horribles. En esto soy bastante inflexible y me muestro y me siento casi como un ilustrado ante esta clase de muestras de idiotez. ¡No a la tradición si lleva a esto!

  12. 11 octubre 2008 a las 8:11

    En nombre de la tradición se hacen tantas burradas como en nombre de cualquier postura llevada a un extremo, ya sea el relativismo blando llevado al extremo en que todo está permitido porque pertenece a una cultura o tradición peculiar, o ya sea el extremo del universalismo moral, según el cual deben existir reglas de conducta universales que rijan todos los comportamientos de toda la humanidad.
    Quizás la frase más apropiada para este tipo de reflexiones filosóficas sea: “ni tanto ni tan calvo”.

  1. 20 noviembre 2008 a las 8:48

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