Depende

16 abril 2013 1 comentario

Todo acaba dependiendo de nuestra mirada, de nuestras opciones, de lo que nos muestran y de lo que nos interesa.

Muchas veces no se puede elegir saber todo, porque los datos a nuestra disposición, si bien son amplios gracias a internet, vienen cribados por nuestra pereza, que nos hace confiar en otros para que decidan lo que es importante.

Nadie niega que lo ocurrido ayer en Boston es importante. Nadie niega que es una tragedia que merece la pena ser relatada y conocida. Han muerto tres personas, según parece corresponderse a las informaciones que los medios desvelan sobre el atentado. Es una tragedia aun mayor porque una de esas personas era un niño de ocho años. Para los que trabajamos rodeados de niños, es especialmente doloroso pensar que uno de ellos desaparezca, porque cuando enseñas a un niño la materia que sea, observas como su mente se va ordenando, poblando y cultivando, y te imaginas cómo avanzará a lo largo de los años; y quieres participar, quieres formar parte de ese proceso educativo. Por ello, la muerte de un niño es siempre una tragedia inenarrable.

Sin embargo, sin restarle la importancia que tiene el atentado de Boston, y en especial la muerte de un niño en estas calamitosas circunstancias, es curioso cómo las informaciones y la repercusión mediática es tan grande en este caso y no en este otro.

Supongo que depende del prisma con que se muestren las noticias.

Hoy no

6 febrero 2013 1 comentario

Hoy no me apetece ser políticamente correcto. Llevo unos días desconectado, porque ya se sabe que las épocas de fervor universitario es lo que tienen. Pero no me he desconectado de todo de la actualidad, desde luego. Y me canso de buscar la manera de expresar firmemente mi indignación y ser políticamente correcto a la vez. No encuentro la forma de aludir a los presuntos corruptos que están apareciendo en nuestro país hasta de debajo de las piedras y hacerlo con el respeto que no se merecen. Así que hoy, por ser el día que vuelvo a la actividad en el blog, me voy a dar un lujo y a ser políticamente incorrecto.

Para empezar, voy a acordarme de las familias de todos los desgraciados que ocupan las primeras planas de los periódicos estos días. Y no a la manera usual, es decir, para reprocharles tener unos hijos o hermanos o sobrinos o nietos tan sumamente asquerosos; lo voy a hacer para lamentar su fallo educativo. Igual que cuando vemos a una niña de trece o catorce años paseando por la ciudad como recién salida de un burdel, o a un chaval de doce años fumando su primer cigarro, o a grupos de muchachos de quince arrastrándose por los suelos con una borrachera de magnitudes colosales, siempre decimos “la culpa es de los padres”, yo hago lo mismo. La culpa de que todos estos personajes que no merecen ni el aire que respiran sean como son tendrá que residir, en buena medida, en la educación recibida. A mí mis padres me enseñaron que hay que ser honrado, que no hay que mentir ni robar, ni utilizar a los demás para provecho propio, puesto que cada persona es un fin en si mismo. Sin embargo, algo falló con estos delincuentes, con estas ratas inmorales cuyo hedor llega hasta nuestras casas a través de los medios de comunicación. Y, ¡qué demonios!, supongo que el padre de Bárcenas o la madre de Rajoy algo tendrán que ver con que sus hijos hayan salido tan profundamente malos.

Para seguir, voy a pasar del tema de las presunciones, y me voy a acoger al refranero castellano, que a veces viene bien. Sí, no es políticamente correcto, etc., pero hoy me tomo esa licencia. “Si el río suena, agua lleva”. Es muy extraño que todo este tinglado se haya edificado sobre mentiras. Y, conociendo a la casta política y empresarial de este país de mierda, la sabiduría popular parece que pinta bien. El principal problema que tienen estos degenerados éticos que nos gobiernan es que muy pocos salen a defenderles, y que todo el mundo es capaz de creerse de arriba abajo que son unos defraudadores y unos ladrones, que son unos vendidos y unos untados, y que preferirían vender a su madre por tener un Jaguar en el garaje. Por algo será, digo yo, que todos (salvo la justicia, que ya sabemos que, o está corrompida como ellos o trabaja más despacio que el caballo del malo) tenemos la mosca detrás de la oreja.

Para acabar, ya puestos, voy a meterme con el infantilismo que rezuman por sus repugnantes poros estas desgracias de engendros que permanecen en primera línea de la desastrada política de Españistán, Monarquía bananera donde las haya: el “y tú más”. Es tan triste que no merecería más acción que un cachete o un castigo en el rincón de pensar lo que has hecho en casa o en el colegio. Pero resulta que estos malvados criajos caprichosos son los políticos que ocupan los puestos de mayor poder y decisión en este ridículo país. Y andan, cada vez que alguien les acusa de corruptos, buscando la corrupción de su adversario para justificar la propia, sin darse cuenta de que la mayoría de la gente empieza a no creerse esa diferencia que tan bien han estado teatralizando estos años, y que el grito de “la misma mierda son” se hace patente ya en cada manifestación y protesta.

Aun con todo esto, seguirá habiendo gente de diversas procedencias y limitadas capacidades intelectuales que votará emocionada a los politicastros de mierda que les roban el pan, les quitan al médico, les arrebatan el profesor de su hijo y les niegan el futuro de su jubilación. Imbéciles los hay en todas partes, y como hoy no me apetece ser políticamente correcto, no me lo callo.

Bravo, Mariano

22 enero 2013 Deja un comentario

Se profetiza que mañana y pasado mañana, el dato de la encuesta de población activa va a dejarnos más de 6000000 de parados. Ante eso, sólo me queda decir: bravo, Troika; bravo PPSOE; pero sobretodo, bravo Mariano. Sólo tú podías lograrlo.

Ojos que no ven

21 enero 2013 11 comentarios

No me cansaré de decir lo bueno que es este viñetista:

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Ojos que no ven

La crisis de la democracia II: la idea de justicia

20 enero 2013 Deja un comentario

Estamos tan habituados a escuchar la palabra justicia, que ni siquiera nos planteamos su significado completo. Reducimos nuestro concepto a lo que comúnmente observamos en juzgados, o en la prensa: la justicia es un sistema en el que los jueces deciden, observando los argumentos de los letrados, si una persona o grupo de personas, es inocente o culpable de un delito que se les achaca, y con respecto a ello deciden la pena que se les tuviera que imponer en caso de ser declarados culpables.

Sin embargo, la justicia no comienza en el juzgado, ni atañe en exclusiva a jueces, fiscales y abogados. La justicia comienza en la política, que elabora las leyes, continúa con la policía, que realiza las investigaciones y detenciones, y concluye con el sistema presidiario, que funciona como un sistema de re-inserción.

Estos detalles, que leídos aquí pueden parecer obvios pero que nunca encontraremos en una conversación habitual sobre “lo mal que está la justicia en España”, son de crucial importancia.

La justicia se basa en leyes, que a su vez se basan en la constitución, que determina que somos todos iguales, es decir, tenemos todos los mismos derechos. Sin embargo, estamos viendo día a día como esto no es así.

Para empezar, el jefe del estado español, el señor Juan Carlos de Borbón y Borbón, para algunos conocido como el Rey, es una persona que vive, literalmente, al margen de la ley, ya que, en calidad de jefe de estado, está eximido de ser imputado por ningún delito; en caso de cometer acciones delictivas, responderían aquellas personas que, podríamos decir, están “a su cargo”, como si fuera un bebé: los políticos. No podemos afirmar, de ninguna de las maneras posibles, que seamos todos iguales a la justicia. Además de este caso, encontramos a los propios políticos, que pueden acogerse a su calidad de “aforados” para ser juzgados en determinados tribunales y no en otros, como ocurrió con Francisco Camps. Además, gracias al ministro de injusticias, Alberto Ruíz Gallardón, la justicia ahora sólo es accesible para aquellos que poseen un importante montante de dinero, puesto que no se puede pleitear sin abonar las abusivas tasas que plantea el ministro en cuestión, y que han conseguido poner en su contra no sólo a la ciudadanía, sino a todos los sectores de la justicia.

La justicia se erige como teóricamente independiente de los otros dos poderes del estado: poder legislativo y poder ejecutivo (parlamento y gobierno). Sin embargo, los mandatarios de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial (CGPD) está compuesto por magistrados que se deciden con tres quintos de la mayoría parlamentaria. Esto es, que no sólo no los deciden aquellos que forman parte del poder judicial, sino que sólo los dos grandes partidos tienen acceso al nombramiento de los jefes de los jueces. Esta politización está llevada al extremo si pensamos que el tráfico de influencias o incluso las presiones políticas hacia la judicatura son habituales y, en ciertos casos, muy efectivas (podemos volver al caso Camps, u observar el indignante proceso contra el juez Baltasar Garzón).

La justicia concluye, como ya dije, en el sistema de prisiones, que se fundamenta en el principio de re-inserción  Es decir, la labor de las cárceles no es almacenar delincuentes, sino re-educarles para que puedan volver a la sociedad sin ser un peligro para la misma. No hay cabida en este sistema, por tanto, para penas mayores como son la pena de muerte o la cadena perpetua, que son, ineludiblemente, anticonstitucionales, además de una simple salvajada, éticamente hablando.

Sin embargo, y gracias de nuevo al adalid de los ultraconservadores del PP, el ministro Gallardón, en España existe ahora una pena descrita como Prisión Permanente Revisable, o lo que es lo mismo, una cadena perpetua con condiciones. A los veinticinco años se revisa la condena y ya, si eso, se va viendo si se deja libre o no al condenado. Además de ser estrictamente inconstitucional, es una burrada, ya que todo condenado tiene derecho a saber a cuánto asciende su condena de manera concreta. No se puede condenar “indefinidamente” a nadie, por mucho que haya revisiones a los veinticinco años.

Para concluir con este repaso a los sinsentidos de la justicia, voy a dejar en el aire el tema del que hablaré el domingo que viene: la anticuada figura del indulto. Se aceptan ideas.

Renovación

19 enero 2013 2 comentarios

La política siempre exige una constante renovación. Mismas personas con los mismos cargos durante mucho tiempo, no suele ser una buena idea.

Los romanos, en la época de la República, establecieron el tiempo de gobierno de manera anual. El pretor, el cuestor, el cónsul, el tribuno de la plebe, etc., es decir, los puestos de la administración romana, eran de un año de duración. Hacia el final de la época republicana, Cayo Mario fue cónsul siete veces, algunas de ellas continuadas, Sila fue cónsul y dictador, y Julio César cónsul vitalicio. Después de él, la República se hundió y apareció el Imperio, ejemplificando la decadencia de la democracia romana.

En Estados Unidos, un presidente sólo puede aspirar a dos mandatos consecutivos de cuatro años cada uno. Se evita así, al menos en teoría, que una persona con tanto poder permanezca demasiado tiempo al mando de todo. Observamos que las segundas legislaturas suelen promover medidas más arriesgadas, puesto que el presidente sabe que no podrá presentarse a una segunda reelección.

En España hemos vivido varios gobiernos largos: el primero, el de Felipe González, que acabó sumido en la corrupción tras casi tres legislaturas de permanencia. El segundo, el de José María Aznar, que, en su segundo mandato, sabiendo que no iba a presentarse (al modo americano) y contando con mayoría absoluta, sembró la simiente de la crisis que estamos pagando, consagrándose como el peor presidente de la historia de la democracia hasta que llegó el siguiente. José Luis Rodríguez Zapatero, que empezó con buen pie los dos primeros años de su legislatura, pero que no dejó de estropearlo todo hasta que terminó su mandato antes de cumplir la segunda. No supo frenar la crisis, ni siquiera reconocerla, y fue incapaz de solucionar los errores y las bombas que Aznar nos dejó; fue un inútil, por su incapacidad de comprensión de la situación y por su lentitud de reacción. Aznar era perverso, malvado, es decir, un neoliberal consagrado; Zapatero se suponía que era socialdemócrata, y acabó actuando casi con los mismos principios que Aznar, y estropeando más la situación ya de por sí grave. Ahora tenemos a Rajoy, que de lo malo que es, no va a necesitar una segunda legislatura, porque al finalizar esta (si es que la acaba) ya habrá hundido por completo el país, siguiendo la misma doctrina que su predecesor y valedor Aznar.

Sin embargo, el mayor ejemplo de la corrupción que el “apoltronamiento” origina, la podemos ver en los órganos de gobierno internos de cada partido. En el PSOE, la lucha intestina entre el guerrismo y el felipismo, aun vigente, está destrozando la estructura del partido y la confianza de sus propios votantes, cada vez menos, afortunadamente. En el PP, observamos como Bárcenas, que fue tesorero durante 19 años, presuntamente ofrecía “incentivos”, es decir, sobresueldos, o sueldos en sobres, en dinero negro, que parece ser que funcionaban con los clásicos sobornos tan tradicionales en los sectores de la derecha de cualquier país, especialmente el nuestro.

¿No es momento de cambiar este sistema de arriba abajo? Y no sólo hablo de las relaciones entre sector privado y sector público, sino de la propia organización de los partidos políticos y sindicatos, tan proclive a la corrupción.

El día que vea un furgón policial en la calle Génova y otro en la calle Ferraz, empezaré a creer en la justicia y la democracia. Mientras tanto, les ofrezco a todos ellos lo mismo que ofrecía Andrea Fabra a los parados al borde de la pobreza.

¿Sorprendidos?

18 enero 2013 Deja un comentario

No puedo poner el enlace porque El Mundo es un periódico de pago también en internet, lo que me parece bien, que conste, teniendo en cuenta que no me creo ni la mitad de lo que dice semejante panfleto.

Sin embargo, parece que ha trascendido de la portada de El Mundo a otros periódicos. Se trata de una investigación periodística que debería ir acompañada de una investigación judicial para verificar los hechos que se citan, y que pondría en un brete a la cúpula directiva del Partido Popular, acusada de recibir sobresueldos en dinero negro por el presunto evasor Luis Bárcenas y el difunto “padre de la patria” Manuel Fraga.

Hay mucha indignación en los medios, por la calle, en las discusiones de cafetería. A buen seguro un montón de gente estará sorprendida. Yo no. Y no es tendenciosidad. No confío en ningún político, sea del partido que sea. Y, tras los últimos años, menos aún del PSOE o del PP.

No sé por qué se sorprende la gente de que los herederos del corrupto sistema franquista sean corruptos. No tiene nada de extraño. No es un hecho sobrenatural, extraordinario. Son del PP, el partido con más cantidad de casos de corrupción de nuestro país, seguido de cerca por sus aprendices en las malas artes, el PSOE.

Rajoy, el hombre que preparó una jugosa amnistía fiscal para que quien tuviera dinero negro pudiera blanquearlo sin responder a ninguna pregunta, lo cual ahora suena bastante planeado, teniendo en cuenta que el dinero negro lo tenían especialmente sus compañeros de partido, es un político de los que adoran la sombra. De aquellos a los que no les gusta salir en televisión o en radio, o bien porque nunca sabe qué decir, o bien porque lo que dice sabe que no va a gustar. Cospedal, un dolor para este país, es esa mujer que cierra servicios de urgencias mientras pone más policías a vigilar su mansión; es la presidenta de una comunidad autónoma a la que, a buen seguro, habrá ido al menos un par de veces desde su investidura; es la que privatiza hospitales para que se los quede su marido, o la que “apoya” a los trabajadores con un palestino al cuello y luego a ellos les pone una soga (maldita hemeroteca, ¿eh, Dolores?). Bárcenas es uno de esos mafiosetes cercanos a Gürtel, como Camps, Aguirre, etc., que se pasea por Madrid con su pelo engominado mirando por encima del hombro a los pobres mortales que no tenemos cuentas en Suiza. Saenz de Santamaría es aquella mujer que casi llora ante la lacra de los desahucios, pero que luego firma y vota un rescate multimillonario a los bancos que están realizando los desahucios, y con lágrimas de cocodrilo dice que no se puede hacer nada.

Y podría seguir. Pero creo que con esto basta. ¿Quién se sorprende? ¿Los que les votaron pensando que serían mejores que los anteriores? Vamos buenos si la gente se sigue creyendo esas bazofias.

A este ritmo, la idea de la guillotina va a llegar mucho antes de lo que pensábamos.

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