PERIDOXA

Entrevista a Alfonso Pérez: un fotógrafo en el Sáhara

Alfonso Pérez es fotógrafo. Nacido en Valladolid hace 23 años, su carrera le ha llevado a mudarse, como muchos otros jóvenes de su generación, a Madrid, para continuar su formación y conseguir un empleo.

Además de fotógrafo, es un hombre con convicciones e ideales que hacen que su fotografía intente reflejar algunos de los problemas de nuestro tiempo. Entre ellos, la marginalidad que aun sobrevive en algunos lugares de nuestro país, o el escaso respeto de la cultura moderna hacia la sostenibilidad y el desarrollo equilibrado con la naturaleza.

Uno de sus proyectos le llevó al Sáhara Occidental, como fotoperiodista, a relatar con imágenes el conflicto del Sáhara, conviviendo en los campamentos de refugiados del desierto con el frente polisario y todos los exiliados saharahuis.

Pregunta: ¿Cómo surge la oportunidad y por qué te decides a ir al Sáhara?

Respuesta: Siepre he querido ser fotógrafo en lugares de conflicto. Mi novia vió una pequeña reseña en un periódico sobre una asociación que organizaba cursos de fotoperiodismo. Llamamos fuera de plazo, pero tuve suerte, y pude ser incluído en el viaje porque hubo una baja entre los primeros seleccionados. Los trámites burocráticos fueron difíciles, sobre todo por las prisas, pero me ilusionaba mucho este proyecto, y saqué fuerzas de flaqueza.

P: ¿Te supuso algún problema el dinero?

R: No. Yo tenía unos ahorros reservados para cursos o actividades en fotografía. La verdad es que quien administra el dinero es mi novia, porque yo soy lo suficientemente torpe en materias económicas como para que estuvieramos arruinados si yo llevara las cuentas.

P: ¿Qué sentiste al llegar allí? ¿Cuáles fueron tus primeras impresiones?

R: Los primeros momentos fueron un poco caóticos. Llegamos a Tindouf a las cuatro de la madrugada. Nos recogieron los del frente polisario. Fuimos en un Jeep, de noche. De repente, nos salimos de la “carretera”, y comenzamos a recorrer el desierto, hasta llegar al lugar donde íbamos a dormir. Estaba tan inquieto y nervioso que, si pude dormir, fue tan sólo por el agotamiento.

La primera impresión en el Sáhara es la de aislamiento y soledad. Pero la solidaridad con el resto del grupo, con el que llevábamos viajando más de quince horas, hacía que se minimizara esa impresión.

Cuando despertamos, estábamos en un lugar al que llaman “protocolo”. Es el centro de reunión, donde se distribuye a los periodistas. Allí apenas hay nadie, excepto nuestro guía, gente de otros países, ONGs, etc. Pero nada permanente. Es tan sólo un punto de encuentro.

Allí estuvimos hasta tarde. Cuando salimos, ya callendo la noche, los colores del desierto son increibles. El ocre se mezcla con el azul del cielo, y una belleza que no esperas encontrar te da de golpe en las narices.

P: Háblame del desierto. Cómo lo definirías.

R: Es enorme y no hay nada. Eso es todo. Impresiona, desde luego, pero por la soledad y el vacío.

P: ¿Y el campo de refugiados?

R: Para que te hagas una idea, el guía, antes de llegar, nos estuvo explicando su experiencia personal en el campo de refugiados. Nos contó que su padre era militar español, y que, antes de la guerra, en la zona liberada, vió como Marruecos bombardeaba con napalm el campo de refugiados, viendo como quemaban vivos a sus amigos y familiares. Te lo cuentan con un dolor en el rostro, pero, a pesar de ese dolor, no tienen ira, ni odio, ni deseos de venganza hacia Marruecos. Obviamente, hay algo de rencor, pero llevan tanto tiempo exiliados, viviendo de la nada en el desierto, que solo desean volver a su tierra.

P: ¿Cómo es la relación entre los saharahuis y su tierra?

R: Depende de la generación a la que preguntes. La gente mayor, excombatientes, quieren recuperarla sea como sea. Algunos de ellos no ven solución política, y la pasividad de las Naciones Unidas, y de España en particular, no ayuda a suavizar una posición que de por sí se hace más radical. El “Frente” no es un partido jerarquizado, tienen una sociedad tan tribal que cada cual sabe su rol sin necesidad de identificarlo. Los más viejos tienen el peso de haber vivido todo el conflicto, y haber luchado, y a todos los combatientes, vivos o muertos, se les considera mártires.

P: ¿Y los niños?

R: Han nacido en los campos, y no han visto jamás la tierra por la que luchan sus padres. Al ser una sociedad en la que se interrelacionan todas las generaciones con fluidez, y al tener un nivel de escolarización total, tienen un sentimiento patriótico o nacionalista a pesar de no conocer la tierra de la que hablan. Quieren volver, pero se van a desilusionar si lo consiguen, porque son pocos, y van a tener que reconstruir un país entero, si logran su objetivo.

Tal vez, donde menos sentimiento patriótico hay es en la generación de los veinteañeros. El frente polisario les paga la educación, y les envía siempre que puede a España o a Cuba, para continuar con su carrera. Antiguamente, regresaban tras licenciarse, para colaborar. Ahora, la mayoría intenta quedarse en España o en Cuba, porque tienen más oportunidades de sobrevivir, o porque se han rendido ante la dificultad del propósito de liberación del Sáhara.

El “frente” está perdiendo gran parte de su pontencial, sobre todo en el sector sanitario, ya que los médicos o enfermeros que antes solían volver, ya no lo hacen, y los campos no son lo suficientemente buenos lugares como para poder sobrevivir sin una atención médica eficiente.

P: ¿Qué visión tienen de España?

R: Para la mayoría, somos como sus hermanos (sentimiento que comparten también con Argelia, ya que los campos están en territorio argelino). Gracias a España y a Argelia sobreviven. Eso sí, a los gobiernos españoles no los pueden ni ver, sobre todo al PSOE, porque el PP saca más a menudo el problema del Sáhara. Se sienten traicionados y abandonados por los gobiernos.

P: ¿Y Cuba? 

R: Están muy contentos con ellos, porque les han apoyado en los estudios de sus jóvenes, aparte de que la similitud ideológica entre la Cuba castrista y el Frente Polisario es importante.

P: Háblame ahora de tu papel. ¿Qué hiciste allí?

R: Lo primero que hicimos fue saber qué es cada uno. Yo no soy periodista, soy fotógrafo, y mi labro es bastante diferente. Luego asistimos a entrevistas con políticos, y luego elegimos un tema del que ocuparnos. Yo elegí el tema de los niños. A parte, tenía otra labor paralela a la del curso, ya que buscaba localizaciones para el documental “Realidades invertidas”, que empieza a grabarse este año.

P: ¿Por qué los niños?

R: Por varias razones. Todo el mundo centraba sus entrevistas y sus trabajos en ver el problema desde todos los ángulos posibles, siempre que éstos fueran serios. Se hablava de política, de sanidad, de guerra… Yo quería hacer algo distinto, y como no iba a entrevistar, quería contar una historia en imágenes, diferente de las imágenes que siempre nos llegan de allí. Los niños son una fuente inagotable para ello. Usando una frase de nuestro guía, “nuestros embajadores son los niños”.

P: ¿Qué disposición tenían los niños hacia las fotos?

R: Ninguna timidez. Sólo cuando hacía las localizaciones, cuando sus madres les cambiaban, les daba vergüenza. Delante de la cámara eran tan naturales como si no estuviera.

P: ¿Qué buscaste, en lo que a fotografía se refiere?

R: Quería sobre todo retratos, porque son muy expresivos. La gente tenía una expresión muy interesante. Tengo de todo, pero sobre todo primeros planos, sus miradas, su felicidad, su sonrisa, que no pierden, aunque no tengan nada.

P: ¿Cómo has cuidado las cámara en el desierto?

R: Todo lo bien que he podido, pero están llenas de arena [ríe].

P: ¿Qué equipo has llevado, o qué recomendarías llevar a un sitio así?

R: Es aconsejable no andar cambiando de objetivo , usar un zoom muy versátil, aunque pierdas luminosidad, para no cambiar de objetivos (yo llevé un 18-200).

Cualquier cambio en la cámara hace que las posibilidades de que entre arena se multipliquen, por mucho cuidado que tengas al hacerlo.

No recomiendo llevar trípode, al final es un estorbo. Por supuesto esencial una mochila para meter la cámara, y no andar con ella colgando en trayectos más o menos largos. Máxima protección siempre que se pueda.

Yo he llevado una reflex digital y una reflex analógica, porque con esa no se te acaban las pilas ni la tarjeta. es un seguro de que vas a hacer la foto pase lo que pase. Flash, para no perder lo momentos de interiores, pilas y baterías de sobra, cargadores (en cualquier oportunidad hay que cargar las pilas).

P: ¿Y el alojamiento y la comida?

R: Estuvimos en una casa que era de las más grandes en el campo Smara, en la wayla Smara, daira Tifariki, en el barrio 1. Los nombres de los campos son nombres de regiones o ciudades del sáhara ocupado.

La comida: por una parte no he visto como comen allí, porque lo que comíamos lo compraba la asociación Keblar, lo mandaban comprar a la familia que nos alojaba, y luego hacían cuentas. Así al menos esa familia comió tres veces al día.

P: Y, ¿Cómo fue tu relación con la gente de allí?

R: El trato fue genial. Todas las noches cantábamos y bailábamos. Son muy hospitalarios, y no por obligación, sino por naturaleza.

P: ¿Y la religión?

R: Todos son musulmanes. No hay radicales religiosos. Puede haber algún fanático político, pero no religioso. Me esperaba que fueran más duros, la típica imagen del islam, pero al contrario, son muy abiertos en temas religiosos. Hay mucha gente que no se para a rezar cinco veces al día. Te dicen que ya rezarán en casa, que Alláh les entenderá.

P: ¿Qué hay del papel de las mujeres?

R: Después de los niños, son lo mejor que me he encontrado. Son como niñas. Es una sociedad que desde 1974 hasta 1992 ha estado en guerra, y las mujeres se han hecho cargo de todo. Es una sociedad muy matriarcal. La mujer tiene un papel muy importante. En el ambiente político tiene mucho peso.

Es una sociedad muy igualitaria, y si las mujeres llevan el pelo cubierto con un pañuelo es por comodidad (yo tengo pelo largo y también llevaba turbante). Es una exigencia del desierto, no de la religión ni de la tradición.

P: ¿Qué ha cambiado de tí gracias a este viaje?

R: Mi forma de pensar era que la gente era mala por naturaleza, era un pesimista, pensaba que la sociedad era la condición para ser buenos, pero que en nuestro interior no teníamos un corazón benévolo. Me panteé esta duda con la gente del Sáhara. Cuando tengan sus territorios, y sigan siendo así, cambiará mi visión de la vida. En cierta manera, tengo esperanza en la humanidad gracias a esta gente.

Para ver más fotos de éste reportaje, además de otros de los trabajos de Alfonso Pérez, visitad la página web:

http://www.alfonsoperezfotografos.es/

4 comentarios

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  1. Isabel said, on 5 Octubre 2008 at 18:42

    Buen trabajo el de Alfonso, unas fotos maravillosas

  2. Artur said, on 20 Octubre 2008 at 12:08

    Menuda experiencia! Yo no sé si sería capaz de ir al Sahara. Por cierto ¿cuándo fue? Saludos

  3. J. Sanz said, on 20 Octubre 2008 at 13:24

    Fue hace ya tiempo, no llega al año, si no me equivoco. La verdad es que la entrevista estaba prevista para ser publicada mucho antes, pero ninguno de los dos tuvimos tiempo suficiente para prepararla seriamente. Estas cosas llevan bastante tiempo, sobre todo en la elección de las fotos y el arreglo final de la conversación.

  4. Alfonso said, on 4 Diciembre 2008 at 10:59

    Hola a todos.
    Lo primero dar las gracias Javi por publicar la entrevista, y darle un tirón de orejas por no avisarme (o yo por no leer los mails… jeje)

    Me alegra que os hallan gustado, ahora estoy preparando el proyecto de fin de estudios y me queria ir con alguna ONG a algún pais del tercer mundo, todavía no tengo el apoyo de ninguna, asique si conoceis a alguien que me pueda ayudar o dar información sobre alguna que conozcais que trabajen bien y me puedan ayudar estaria muy agradecido.

    un saludo para todos.


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