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Archivo para la Categoría "Análisis de los Derechos Humanos"

Análisis de los Derechos Humanos, parte 3:”Paréntesis desagradable”

11 enero 2009 9 comentarios

En primer lugar, feliz año a todos. En segundo lugar, mis más sinceras disculpas por este retraso sin excusas. Las vacaciones de fin de año han sido bastante intensas, y he ido aplazando la actualización del blog hasta hoy.

gazaPrometí una nueva entrada relativa al análisis de los derechos humanos. Y estaba hecha, con una interesante reflexión sobre la idea de personalidad jurídica, el derecho a la justicia, etc. Sin embargo, me váis a permitir que cambie la rutina debido a los acontecimientos que, como todos conocéis, han llevado a Gaza a un estado excepcional, provocado por la incursión israelí.

Yo no sé quién tiene la culpa, Hamas, el gobierno israelí, o muchos de los grupos que actúan en la zona de una forma u otra. No me importa. Lo único que reclama mi atención a día de hoy es el profundo dolor que supone ver a la población civil de Palestina, hacinados en una franja de tierra sin las necesidades básicas para la subsistencia humana, bombardeados incesantemente por el ejército de un país que ocupó su territorio, que les aisló y les humilló.

Por lo tanto, ante el estupor que me produce presenciar un genocidio en pleno siglo XXI, ante la vergüenza que me invade al ver la pasividad de nuestros gobiernos, tan sólo me queda recordar uno de los derechos humanos que habíamos visto en la última entrada:

Artículo 5:

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Pensemos sobre ello.

Por último, querría hacer una reflexión sobre el victimismo. Está claro que en nuestras sociedades ya no se valora el heroísmo y la valentía. De acuerdo, no pasa nada. Lo que es inconcebible es que el victimismo haya sustituído al heroísmo como principio de valor.

Todos somos conscientes del asco moral que produjo el holocausto. Nadie (en su sano juicio) sería hoy en día capaz de negar el daño que se produjo al pueblo judío en la segunda guerra mundial. Pero lo que no es de ley es que, amparándose en aquello de “me han hecho mucho daño”, seamos tan permisivos con Israel. No podemos dejar que por su victimismo, Israel se convierta en un nuevo régimen nazi. Hemos visto y sufrido los errores de la historia: no los repitamos.

Análisis de los Derechos Humanos, parte 2

16 diciembre 2008 16 comentarios

En esta segunda entrega del análisis de los Derechos Humanos, vamos a afrontar con calma los primeros artículos de la declaración. Tras observar la trascendencia de los puntos iniciales del preámbulo, y encontrar en ellos tres características dignas de ser analizadas (recuerdo: carácter universal, carácter vinculante y educación), hoy vamos a desarrollar con detenimiento las conclusiones que obtenemos de los primeros derechos plasmados en la carta.

Los cinco primeros artículos refieren, de manera más o menos directa, a derechos sobre la igualdad y la integridad física. Pasamos a leerlos:

Artículo 1:

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2:

1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

2. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3:

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4:

Nadie estará sometido a esclavitud ni servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5:

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Sobre estos cinco artículos se edifica la idea de persona libre y dueña de sí misma, independiente, autónoma, y con derecho a su integridad y protección.

En primer lugar, la igualdad: el artículo 1 afirma tajántemente la igualdad de todos los seres humanos. Para justificar esa igualdad, refiere a dos características inherentes del género humano: razón y conciencia. Somos seres racionales, y somos conscientes de serlo. Además, sabemos que el resto de humanos tiene estas dos propiedades, y por lo tanto, no podemos dejar de considerarles iguales a nosotros.

En este punto, se introduce una obligación indispensable al aceptar la primera premisa: comportamiento fraternal. Ya que somos iguales y conscientes, razonablemente, de nuestra igualdad, debemos tratarnos fraternalmente los unos a los otros. Millones de citas podrían introducirse a este respecto, pero me limito a decir: no hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran a tí. Se apela a la empatía, a la capacidad de situarnos en el lugar del otro, para establecer una norma ética fundamental sobre la que asientan cualquiera de los demás derechos y libertades. Ya que a ninguno nos gustaría ser juzgados en un proceso sin garantías, debemos garantizar a los demás que no lo serán; ya que no nos gustaría ser torturados, debemos garantizar que nadie lo sea; ya que no quisieramos perder nuestra vida por medios no naturales, debemos evitar que esto ocurra a cualquiera.

En definitiva, sobre este primer artículo reposan todos los demás, así como la idea de universalidad de los derechos humanos. Esto nos lleva al primer punto importante de nuestro particular análisis: el carácter universal de los derechos humanos. En la entrada anterior advertimos que la universalidad absoluta de lo declarado en esta carta no es inherente el propio texto, ya que pueden existir individuos humanos que no acepten estos derechos y libertades. Lo que sí es seguro es que los artículos de la declaración tienen visos de universalidad. En mejores palabras, lo dicho aquí es un código de normas que pretende llegar a ser universal. El origen de esta pretensión y la herramienta que puede llevarla a cabo es el primer artículo: la igualdad.

El segundo artículo, en sus dos partes, asegura que el primero será aplicado en cualquier caso posible. Esto es, que no existe ninguna excusa posible para no tratar a cualquier individuo humano con la dignidad que merece por el hecho de serlo. Por desgracia, muchas de las distinciones a las que hacen referencia las dos partes del artículo 2 han sido usadas para negar los derechos humanos. Por poner un ejemplo reciente y conocido, hablemos de la base estadounidense en Guantánamo, a la que traeremos a colación sucesivamente como ejemplo de flagrante omisión de los derechos y libertades de los individuos humanos.

En la segunda parte del artículo 2 se asegura, entre otras cosas, que no se hará distinción fundamentada en el régimen del territorio en el que un individuo se situe. Es decir, que da lo mismo que estés en Nueva York que en Guantánamo, los derechos humanos están vigentes en cualquier lugar. Como sabemos, los Estados Unidos han utilizado Guantánamo como limbo jurídico, como territorio ajeno a cualquier derecho internacional, ley o tratado. Por referir a otro ejemplo en que un territorio se convierte en limbo jurídico, podemos encontrarnos con Gaza.

Sobre el artículo 3 poco más que decir que no pueda concluir cualquier persona al leerlo. Tan solo remarcar el hecho de que tenemos derecho a la seguridad de nuestra persona. No solo no pueden arrebatarnos la vida ni la libertad, sino que no pueden atentar contra nuestra seguridad. Por supuesto, conocido es ya que cualquier hecho criminal llevado a cabo por un delincuente atenta contra este derecho básico. Lo que quizás no está tan claro es que en muchas ocasiones el delincuente que atenta contra nuestra seguridad no es un individuo concreto, sino un estado (para más ironía, estados que han aprobado los Derechos Humanos).

El derecho a la libertad de la persona asegura, entre otras cosas, la privacidad y la intimidad. Nadie puede realizar ningún tipo de intromisión en nuestra intimidad. Por supuesto, se abre un interesantísimo debate sobre dónde está el límite de la intimidad personal, y dónde la línea entre la privacidad de una persona y la seguridad de otra se vuelve tan fina que es tan fácil cruzarla como difícil justificarlo. De todas formas, es un derecho que quedará más claro en el artículo 12.

En el cuarto artículo, se redunda en el hecho de que el único propietario de una persona es esa misma persona. La esclavitud, problema creciente en nuestros días en diferentes maneras, queda radicalmente prohibida. Por supuesto, si entendemos como jurídicamente vinculante la declaración de los Derechos Humanos, todos los países deberían incluir esta ley en su código jurídico, y deberían perseguir intensamente el crimen de la esclavitud. Por supuesto, ya que casi ninguno (o ninguno, por decirlo claramente) de los países firmantes de los derechos humanos aceptan la vinculabilidad jurídica de los mismos (a los hechos hay que remitirse, las palabras son bonitas pero poco efectivas), este problema sigue siendo una prioridad en los programas de las ONGs que luchan por consolidar los derechos humanos en todas partes.

Por último, el quinto artículo habla de la integridad física de una persona. Nadie, bajo ningún concepto, puede ser torturado. Es una sentencia tan firme y concisa como leve su aplicación, ya que observamos a diario como la tortura se sigue aplicando en sus múltiples formas (tanto física como psicológica). De nuevo, no sólo los delincuentes individuales realizan estas prácticas, sino que bajo el paraguas protector de muchos estados, se realizan en nombre de naciones firmantes de la declaración (ejemplos como Abu Graib, o la tortura en China, en Israel, en Irán, y un larguísimo etcétera, así como los muchísimos casos de brutalidad policial en las democracias occidentales, creo que me dan la razón).

Además de no poder ser torturado, nadie puede ser sometido a tratos inhumanos o degradantes. De nuevo surge el debate: ¿qué son tratos inhumanos o degradantes? Mi respuesta, tan directa como vagas pueden ser sus interpretaciones, lo sé: no hagas a nadie lo que no quisieras que te hicieran a tí.

En resumen, estos cinco artículos, como vimos al inicio del análisis, son los cimientos sobre los que se eleva la idea de libertad individual, derecho a la vida y a la integridad, y universalidad de los seres humanos. En la próxima etrega, analizaremos el cómo se protegen estos derechos y libertades: con la justicia.

Análisis de los Derechos Humanos, parte 1

7 diciembre 2008 4 comentarios

Nos acercamos a una trascendente fecha, en la que conmemoraremos el nacimiento de nuestro más importante código ético: los derechos humanos. Con propósito de recordar a quienes hace mucho que no leen esta provechosa declaración, y con ánimo de instruir a los que aun no la han leído, voy a realizar una serie de entradas en las que reuniré y procuraré comentar en la medida que me sea posible los artículos que componen este hito de la humanidad. Si las entradas resultan excesivamente largas, espero que los potenciales lectores no se desanimen y que mis queridos comentaristas tradicionales no se enfaden conmigo. Trataré de que sea lo más ameno posible. Por supuesto, todas las opiniones, reflexiones y conclusiones expuestas aquí son mías, y están sujetas a juicio, al que amablemente me someto. Podéis criticar cualquier aspecto de mi interpretación o reflexión, y yo procuraré defenderme o asumiré mi error con total respeto.

Comenzaré hoy por el Preámbulo, joya introductoria que resume en inicio buena parte de los sentimientos que llevaron a la consecución de este importante manifiesto:

Considerando que la la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad; y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

Considerando también esencial promover el desarrollo de las relaciones amistosas entre las naciones;

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres; y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo de los derechos y libertades del hombre; y

Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno conocimiento de dicho compromiso;

La Asamblea General proclama la presente Declaración Universal de Derechos Humanos

como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que, tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los territorios colocados bajo su jurisdicción.

Como primeros comentarios, voy a centrarme en tres características fundamentales de la Declaración:

  1. Carácter universal.
  2. Carácter vinculante.
  3. Educación en Derechos Humanos.

1. La Declaración de los Derechos Humanos es Universal, y no puede ser de otra manera porque los destinatarios de la misma son todos los seres humanos. En términos teleológicos la universalidad de los derechos humanos es incuestionable: nacen con pretensión de ser aplicados en todo el mundo a todos los humanos. La duda existe en cuanto a la justificación de su origen universal. Se podría plantear la idea de que los derechos humanos parten de la tradición occidental liberal. Esta consideración nos lleva a cuestionar el carácter moral de la misma. Más allá del hecho de que todos los seres humanos puedan estar de acuerdo con esta declaración, sus bases morales se desprenden del hecho inalienable de que existe un componente universal en los seres humanos. Svetan Todorov habla de la diferencia entre la barbarie y la civilización en términos de reconocimiento de la humanidad de los demás. En el primer párrafo encontramos la mención a la “familia humana”; en el segundo leemos una referencia a la “barbarie contra la conciencia humana”. Son sin duda apelaciones a características universales de la raza humana. Si no partimos del presupuesto de reconocer la humanidad de todos los hombres, de saber que, aunque no sepamos qué es, hay algo que nos comunica a todos, alguna característica que nos convierte en receptoes de los derechos y libertades por el hecho de nacer humanos, esta declaración no tiene ningún sentido, ni ético, ni jurídico, ni político ni social. Podemos enfocarlo desde el punto de vista biológico, hablando del concepto de “especie humana”; o bien podemos afrontarlo desde el punto de vista ético, hablando de la existencia de un pensamiento o sentimiento moral intrínseco a todos los humanos. Estas visiones no legitiman directamente el caracter universal de la declaración, puesto que si fuera así, la declaración hubiera existido desde siempre. Lo que hacen es apoyar con hechos incuestionables la posibilidad, o la potencialidad si se prefiere, de que los derechos humanos tienen carácter universalizable, que no inherentemente universal. La herencia de la filosofía kantiana puede observarse cláramente en esta consideración.

2. El carácter vinculante de los Derechos Humanos es cuestionado continuamente. Observamos como muchos de los firmantes de esta declaración tan sólo consideran los artículos de la misma como una guía, o un marco ético en que desarrollar algunas de sus acciones, pero nunca lo acatan como una limitación, un espacio cerrado del cual no puede salirse. Sin embargo, ya en el preámbulo se observan clarísimas referencias a la vinculabilidad de las normas vertidas en la declaración. Así, el primer considerando nos avisa de que para conseguir la paz, la justicia y la libertad en el mundo, no puede rechazarse que la base de todo código legal vinculante es la dignidad y los derechos iguales e inalienables de los seres humanos. En el quinto párrafo se habla de la fe en éste principio declarada por los firmantes de la Carta, y en el sexto se habla del compromiso de los Estados para llevar a la realidad las ideas volcadas en la declaración. En la proclama, se considera un ideal comun de los individuos y de las naciones e instituciones la relaización de los derechos del hombre. Sin embargo, el mayor argumento para afirmar el carácter vinculante de la declaración se encuentra en el tercer considerando: los Derechos Humanos deben ser protegidos por un régimen de Derecho. Es necesario, absolutamente necesario que todos los códigos legales que rigen la convivencia de los seres humanos protejan los derechos de los mismos, y esto sólo es posible si los propios códigos son edificados sobre los principios de la declaración.

3. La educación forma parte esencial de la declaración de los derechos humanos: en el séptimo considerando, se afirma que el compromiso con los derechos humanos necesita de una comprensión clara y plena de los mismos, y el la proclama, se apela al esfuerzo de las instituciones y los individuos por enseñar y educar dentro de los valores de la Declaración. Actualmente, en España, acudimos a un debate sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Esta misma no es más que la realización efectiva de la exigencia de enseñanza en Derechos Humanos. Si nos atenemos al marco de la Declaración de Derechos como compromiso universal, el debate no tiene fundamento. Los detractores de dicha asignatura argumentan que la formación en valores es competencia de los padres, puesto que regirán la trayectoria moral de la persona que recibe la educación. Sin embargo, la Declaración apela a individuos y a instituciones. Por lo tanto, si se pretende argumentar de esta guisa contra la Educación para la Ciudadanía, lo primero que debe hacerse es proclamar claramente la discrepancia con los derechos humanos (sabiendo quíenes son los detractores, no me sorprendería).

Una vez analizados estas tres consideraciones, estoy abierto a sugerencias de interpretación que puedan aparecer por parte de vuestros análisis independientes, que podéis plasmar en los comentarios.

En la siguiente entrada dedicada a esta serie, comenzaré a analizar los primeros artículos, y volveré a los puntos comentados hoy con nuevas referencias.

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