Princesas – José Angel Gascón
Casualmente, leyendo en Internet el periódico Diagonal, me encontré con un interesante artículo que trata el tema que, como cada verano, surge como la mierda de un retrete estropeado: la famosa “operación bikini”. Hace tiempo que sigo con interés esta publicación, tan alejada del enfoque de los principales medios de comunicación como rigurosa en sus noticias y análisis, y el encontrarme con este artículo ha sido como la puntilla final que ha terminado por convencerme de su fiabilidad y sentido crítico.
El artículo, titulado Carreras de kilos y ’operación bikini’, es una importante llamada de atención sobre un fenómeno que todos conocemos y al mismo tiempo intentamos ignorar: la anorexia y la bulimia. Y digo que intentamos ignorarlo porque, de no ser así, no hablaríamos con tanta ligereza de estupideces como la “operación bikini” ni permitiríamos que en los medios de comunicación en general se trate a la mujer como se la trata. La anorexia y la bulimia son un problema grave, señores, que afecta a la sociedad mucho más profundamente de lo que podemos imaginar. Y lo que es peor, los factores que causan estas enfermedades forman parte de nuestra sociedad tan explícitamente que ni siquiera nos damos cuenta.
En primer lugar, me llamó poderosamente la atención la alusión que se hacía a los foros de anoréxicas y bulímicas, de los que yo ya había oído hablar, pero por los que (como, por desgracia, la inmensa mayoría de la gente) no me había interesado especialmente. Esta vez lograron llamar mi atención, y me puse a buscar más información en Internet. Y os aseguro que es escalofriante.
En estos foros comparten información las “anas” (como se conocen entre ellas las anoréxicas) y las “mías” (sobrenombre para las bulímicas) con el fin de compartir consejos o reglas (“tips” los denominan) para conseguir lo que todas desean fervorosamente, llegar a ser lo que ellas mismas definen como “princesas”. En una página web encontré algunos de los tips o mandamientos en los que creen estas chicas:
1. Si no estás delgada no eres atractiva.
2. Estar delgada es lo más importante.
3. Compra la ropa adecuada, córtate el pelo, toma laxantes, muérete de hambre, lo que sea para parecer más delgada.
4. No comerás sin sentirte culpable.
5. No comerás comida que engorde sin castigarte después.
6. Contarás calorías y limitarás tus comidas de acuerdo con ellas.
7. Los designios de la báscula son los únicos importantes.
8. Perder peso es bueno. Engordar es malo.
9. Nunca se está lo suficientemente delgada.
10. Estar delgada y no comer demuestran la auténtica fuerza de voluntad y el nivel de éxito.
Lo primero que puede pensar uno al leer algo semejante es que todo esto no es más que una parodia, una imitación absurda del pensamiento de una anoréxica o bulímica. Pero no, señores, esto es real como la vida misma. En la mente de estas chicas realmente están presentes estos diez mandamientos. De hecho, en un foro exclusivo para anas y mías pude leer alguno más de estos tips escritos personalmente por una de ellas (por razones obvias no incluyo los enlaces):
Lo que me alimenta me destruye
No comas hoy lo que puedas comer mañana
No tienes que comer si quieres estar perfecta
Pero eso no es todo. En estos foros se pueden leer confesiones como la siguiente:
wenas!! tng 14 años y mido 1.57 y peso 55kg me veo gorda y no se qe mas aser, me e puesto mala 3 vese en menos de un año, bajadas de azucar y demas por no comer y todo esto para bajar 13kg en un año… dadme trucos de como seguir adelgazando xfavor!!! rapido es urgente muxas gracias”
Los consejos que las chicas se intercambian entre ellas son de lo más variopinto, desde dietas más o menos saludables, ejercicio, consumo de grandes cantidades de agua o té rojo, hasta dejar de comer, fumar para calmar el hambre, provocarse el vómito, consumo de laxantes o incluso de anfetaminas o cocaína. Desde luego, por lo que puede leerse, todas ellas tienen una creencia auténticamente enfermiza en los mandamientos antes citados.
Creo, en fin, que con lo ya dicho nos podemos hacer una idea del inmenso problema que representa la anorexia y la bulimia en nuestra sociedad. Pero, ¿por qué surge? ¿De dónde les viene a las chicas esa obsesión por ser “princesas” y quedarse en los huesos?
He encontrado algo de información en la página web de la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia, donde, entre otras muchas cosas, hay un dato determinante: el 90-95% de las personas afectadas de anorexia nerviosa son mujeres. Entre los factores causantes de la anorexia, me ha parecido especialmente importante el déficit de autoestima:
“La autoestima se puede definir como el conjunto de ideas que se tiene sobre uno mismo. Las mujeres presentan con más frecuencia niveles bajos de autoestima, que acostumbran a ir asociados a la aprobación de los otros y la apariencia externa. Esto va unido al peso y a la figura, es decir, a la alimentación.”
Creo que cualquier persona con un mínimo de espíritu crítico debería preguntarse tras leer esto: ¿Por qué precisamente las mujeres tiene con más frecuencia niveles bajos de autoestima? Como nos relata el artículo de Diagonal, imaginemos por un momento que una de estas chicas decide apagar el ordenador y salir a la calle a airearse un poco. ¿Qué se encontraría? Pues gigantescos paneles publicitarios en los que aparecen modelos de la talla 36, tiendas de ropa con tallas minúsculas (o tiendas en las que, según dicen textualmente, hay “tallas grandes”), supermercados repletos de productos para adelgazar bajos en calorías, chicos que vuelven la cabeza sólo ante la chica más delgada, y en la tele vergonzosos programas como Cambio Radical. Ante todo esto, resulta sorprendente que sigamos preguntándonos de dónde les viene a las anas y las mías esa obsesión por adelgazar.
Pero podemos profundizar un poco más. A fin de cuentas, en la publicidad también nos encontramos con hombres delgados y musculosos que también crean un mito en el mundo masculino. Y, sin duda, también entre los varones hay enfermedades preocupantes. Sin embargo, el porcentaje de mujeres afectadas sigue siendo desproporcionadamente alto. ¿Por qué?
Aquí pasamos al factor antes mencionado del “déficit de autoestima”. En mi opinión, eso es lo que diferencia en general al género femenino del masculino. En la sociedad en la que vivimos un hombre puede alcanzar el éxito sin necesidad de sentirse deseado por el sexo opuesto, y en raras ocasiones su autoestima depende por completo de este factor. En cambio, pensemos en lo que representa para nosotros una mujer que no se siente deseada por los hombres. Creo que existe una gran diferencia.
¿Por qué esto es así? Porque vivimos, aún hoy en día, en una sociedad marcadamente masculina. El concurso de Miss Universo sigue gozando de una popularidad arrasadora (¿alguien conoce a Mister Universo?), en la publicidad, como en la televisión o el cine siempre encontraremos una mujer delgada, atractiva y semidesnuda que atraiga la atención del público masculino, en los congresos y reuniones siempre habrá un grupo de “azafatas” que alegren la vista al auditorio, que por supuesto se espera que sea masculino, y, claro está, la prostitución femenina sigue siendo un negocio en auge. El hombre es el protagonista de la sociedad, mientras que la mujer es un simple complemento. Aún hoy en día sigo sin comprender por qué al ganador de la vuelta ciclista deben besarlo dos señoritas que apenas pintan nada en el escenario, o por qué la pregunta a la que inexorablemente debe enfrentarse toda actriz de cine es: “¿estarías dispuesta a desnudarte en la pantalla?” Como estos ejemplos se pueden exponer otros cientos, que tristemente pasan ante nuestros ojos sin que los meditemos detenidamente.
Ante esta situación, resulta lógico que la autoestima de una mujer dependa casi exclusivamente de la imagen que de ella tiene el público masculino. Citando textualmente al periódico Diagonal:
“La anorexia y la bulimia no son sólo casos clínicos individuales. Se trata de trastornos socioculturales, el extremo de un proceso que viven muchas mujeres, y cada vez más hombres, que evidencia un profundo malestar social (como lo hace la violencia contra las mujeres o la infantil).”
La comparación con la violencia de género me resulta especialmente acertada. En ambos casos, nunca encontraremos la solución al problema a menos que indaguemos bien entre sus causas sociales. Aunque a algunos les suene quizá como una exigencia excesiva, creo firmemente que debemos analizar el origen de cada uno de los aspectos que conforman nuestra mentalidad y decidir críticamente si nos resultan válidos o no. El futuro de nuestras sociedades depende de ello.

