Silencio hipócrita
Todo el mundo se calla.
Cuando surge un espectáculo taurino tan deplorable como el toro de la vega de Tordesillas, todos nos enaltecemos y levantamos protestas justificadas contra semejante acto de barbarie. Los festejos de toros embolados también despiertan nuestra indignación. Cuando aparecen, estos festejos son ampliamente criticados, y los pueblos donde se celebran sufren las consecuencias de los ataques de todos aquellos que nos sentimos avergonzados por la crueldad innecesaria de este tipo de torturas.
Incluso los periódicos y televisiones, las radios y los medios digitales recogen la indignación y protestas.
Sin embargo, cuando aparece San Fermín, todo el mundo calla. Es una fiesta de relevancia internacional, y muchos visitantes y turistas llegan a Pamplona para la divertida y edificante tarea de emborracharse hasta perder el sentido y ver o correr delante de unos toros que recorren el centro de la ciudad. Es una fiesta emblemática, y muchos defensores de la misma alegan el gusto que demostraban en su momento escritores famosos venidos de otros lugares del globo.
Los medios callan, y se deleitan en la propaganda e interés que, internacionalmente, este bárbaro festejo supone. Nos encontramos, sin duda, ante el símbolo más internacional de la gran vergüenza que supone vivir en un país en el que los animales son torturados para placer de los embrutecidos fanáticos del “arte” del toreo.
Aviso a navegantes que preparo un artículo que pretendo sirva para iniciar un debate acerca de los derechos de los animales. Todos los argumentos que he ido recogiendo de las acaloradas discusiones con defensores de la “fiesta nacional” serán presentados y rebatidos. Asimismo, intentaré de la manera más concisa posible plantear los que, para mí, son los argumentos que me permiten situarme en un punto intermedio (creo) entre los indiferentes a la tortura animal y los fanáticos ecologistas (que tampoco, por lo que veo, ayudan demasiado a la causa).

¡¡¡Pero qué bien que te lo pasas tú en las fiestas de estos pueblos!!!, en las que las celebraciones taurinas son el enclave de dicha fiesta. Acepto que no estés a favor del maltrato de los animales, pero no pretendas abrir un tema de debate sobre los derechos de los animales, porque nos podemos ir por otros caminos que no serían los originalmente dispuestos.
Mi pregunta es: Si tiene siglos de historia y digamos, los autóctonos y foraneos, habituales nunca se han quejado, ni ha habido protestas, ¿ Por qué ahora este afán de destruir años de historia ?, en cambio se quiere rememorar otra historia que fue más cruel, qué costó más olvidar y qué ahora no paran de remover (como la Gurerra Civil)??
Como bien ha expresado la comentarista anónima, el toreo pertenece a la historia de España. De la misma manera, también la inquisición, las múltiples guerras civiles, las envidias y rencores, y multitud de hechos desafortunados que hemos dejado atrás en el olvido. La tradición y la historia no son excusas para mantener un comportamiento bárbaro. De ser así, tanto mi opinión como la suya no hubieran podido expresarse aquí, ya que la tradicional censura que teníamos en España históricamente lo hubiera prohibido.
Creo que el argumento es tan pobre que no merecería más análisis, pero para evitar equívocos posteriores en este punto, paso a rebatir los puntos fundamentales del comentario.
En primer lugar, pretendo abrir un debate sobre los derechos humanos porque, por mucho que algunos se empeñen en negarlo, cada vez que se produce un festejo del tipo de la tortura a los toros, una gran cantidad de personas (cada vez más), protestan, lo cual nos indica que su análisis acerca de que los “autóctnos y foráneos, habituales nunca se han quejado” es bastante equivocado, puesto que yo soy autóctono, y me quejo. Y este blog representa tan solo un grano de arena en la montaña de críticas que se vierten acerca de este tema, lo cual anula también esa afirmación suya de que “no ha habido protestas”.
En segundo lugar, mi afán no es destruir años de historia, es hacer ver que la historia no es sólida, sino que fluye, y que no mantenemos actitudes bárbaras por el hecho de que son tradiciones. La historia no es un escudo para mantener los errores del pasado, sino un relato del que aprender y mejorar.
Y por cierto, el asunto de la Guerra Civil es, aparte de alejado del tema, otro caldo de debate, porque es curioso que la mayoría (no todos, desde luego) de los que se quejan por el intento de zanjar los desmanes históricos de una manera pacífica, de recuperar la memoria histórica para no volver a caer en errores pasados, son aquellos que, de una u otra manera no estaban perjudicados por el resultado de la contienda y por los cuarenta posteriores años de represión. No afirmo que este sea su caso, puesto que no la conozco personalmente, pero no deja de sorprenderme.
Un saludo, y gracias por el comentario.
La sed de sangre tiene muchas formas, y me temo que aun tenemos que cambiar en muchos aspectos.
No estoy de acuerdo con anonima. Sencillamente, la tradicion no justifica el hecho, y no hay mas. Defender algo porque es una tradicion, sin mas ni mas, es una burrada propia del relativismo buenrrolllista que lo acepta todo sin rechazar que una burrada es una burrada la haga quien la haga en el lugar que la haga y por el motivo que la haga.
Jamás he ido a los sanfermines ni he participado en ningún encierro. Alejado totalmente de ese mundo, ni siquiera me ha interesado asistir por curiosidad a una corrida taurina. Ni un céntimo de euro daré nunca a nada que tenga que ver con esa barbarie, espureamente justificada con argumentos que manipulan de forma perversa el concepto de tradición o que sin tapujos invocan la rentabilidad económica de un espectáculo malsano y salvaje. Lo de Pamplona es infame y vergonzoso. ¿Qué hace toda esa tropa una vez han pasado los tres minutos que dura el encierro, donde nunca se pone a prueba la inteligencia sino la fuerza bruta y el instinto natural frente al riesgo?. El resto de la jornada se lo pasan bebiendo, gritando y orinando. No hay más. Se amparan en la propagando que les hizó un autor de tercera fila como fue Hemingway, un borrachín empedernido, que actua de maestro de ceremonias de esa vergüenza, de la que hay que huir como de la peste.
Estoy de acuerdo contigo, Fernando, en todo, menos en lo de que Hemingway es un autor de tercera. Estoy seguro además de que la mayoría de ceporros que van a esas malditas fiestas de muerte no han leido una sola palabra de Hemingway.
Mal enfocado en mi opinión, si se quiere criticar hay que diferenciar, y los matices son en este caso fundamentales. No me parece justo comenzar con el toro de la vega para criticar los san fermines, puesto que nada tiene que ver una cosa con la otra. Ademas doy fe de que conozco a mucha gente a la que le gustan los toros y no estan nada embrutecidos. Faltar al respeto a mucha gente no es forma de recoger el tema.
Dicho esto, me repugna el toro de la vega, los toros embolaos, de fuego, enmaromaos y demás sandeces, pero no así los encierros, en los que en general el toro no es sometido nada mas que una carrera de 2 o 3 minutos en libertad absoluta para matar a quien se ponga por delante, y respeto las corridas de toros, por el valor del torero, el aprecio a la bravura del toro y la nobleza de este arte, en el que con un trapo se domina a una bestia de gran belleza, diseñada para la disputa. No pretendo convencer a nadie, ni justificar nada, pero si que pido no mezclar temas y respetar dialecticamente a los demas.
Por cierto, los san fermines en buena compañía y respetando la cuidad y sus habitantes son una fiesta cojonuda, y casi todo el mundo tiene este perfil, aunque alguno beba algo mas de la cuenta …
Erebus: amén, hermano.
Fernando: los que apelan al pasado para justificar su presente bárbaro son unos insensatos.
Opina77, voy por partes:
Punto uno: no encuentro matiz alguno que diferencie una tortura de otra excepto la cantidad de crueldad. Para mí, la sola existencia de un mínimo de crueldad es suficiente para la crítica más feroz.
Punto dos: lejos de mi intención que todos los aficionados a la tauromaquia se sientan ofendidos por mi apelativo de embrutecidos. Por aclarar, según la RAE, embrutecido, en su segunda acepción, es “aquel que se ha degradado en sus hábitos intelectuales o sociales”, lo cual concuerda a la perfección con mi visión personal de los aficionados al mundo taurino. Al que le pica, ajos come.
Punto tres: “carrera de 2 o 3 minutos de libertad absoluta para matar a quien se ponga por delante”… no sé por dónde empezar a corregir este “argumento”. Esa carrera es una tortura para el toro, por diversas razones que van desde el estrés al que es sometido un animal por naturaleza oriundo del campo abierto al ser encerrado en una calle cerrada de casas con una turba ruidosa delante y detrás de él, hasta el dolor que sus pezuñas sienten al correr por asfalto (obsérvese, como yo lo he hecho, el suelo de la calle tras un encierro, y se verán las huellas de los toros marcadas con sangre). En cuanto a lo de libertad absoluta para matar a alguien, si la posibilidad que tiene el toro de matar a un hombre es un argumento a favor de los festejos taurinos, me parece que el apelativo de embrutecido se queda corto para los aficionados a los mismos.
Punto cuatro: el valor del torero se refiere supongo al acto de ponerse delante de un animal al que se le ha clavado una pica desde lo alto de un caballo para desangrarle y minar sus fuerzas, al que se ha marcado con banderillas que cuelgan de su espalda sujetas por un terrible gancho y que prosiguen el desangramiento del animal, al que se le ha mareado con vueltas y vuelas que han acrecentado el nerviosismo de estar encerrado en un lugar sin salida. Supongo que el valor es aquello de ponerse y engañar al animal con un trapo rojo para posteriormente, cuando este está ya cansado y debilitado, clavar en su corazón un estoque afilado ante los vítores de miles de personas. Creo que tenemos un concepto distinto de lo que significa “valor”.
Punto cinco: denominar arte al toreo abre una discusión que podría alimentarse con aquella anécdota de Stockhausen, quien dijo que los atentados del 11-S en Nueva York fueron la mayor obra de arte concebida nunca. Tenemos diferentes conceptos de arte, tanto el difunto Stockhausen y yo, como los taurinos y yo.
Punto seis: la belleza del toro debería ser un acicate para respetarle, no para torturarle.
Punto siete: la disputa, para ser justa, debería ser entre iguales con iguales condiciones. Creo que queda claro que este no es el caso, ya que no observo que piquen al torero ni que le claven banderillas entre los omóplatos.
Punto ocho: yo tampoco pretendo convencer a nadie, ya que considero que los aficionados al toreo no tienen ninguna intención de atender a argumentos contra dicha actividad, ni yo tengo esperanzas en que los escuchen. Tendría que aclararme usted a qué se refiere con “respeto dialéctico”, para poder responderlo en ese tema.
Punto nueve: no dudo de que los san fermines sean unas fiestas magníficas, que acompañarse de la compañía adecuada y moderarse en el consumo de alcohol ayuden a disfrutar de la celebración de la fiesta de la bonita ciudad que es Pamplona. Sin embargo, sigue provocándome una tremenda repugnancia la celebración de los encierros. Si para que los san fermines sean una gran fiesta se necesita torturar animales sin sentido alguno, me quedo en mi casita leyendo un libro, o me voy al cine, o me tomo unas copas con amigos. No necesito, personalmente, fiestas de esa bajeza ética.
Un saludo y gracias por su comentario, opina77, sea bienvenido.
Saludos también a Erebus y Fernando.
Por supuesto Javier que no soy en el que va a encontrar el argumento definitivo para defender la cultura del toro, entiendo que siempre tendré la batalla perdida si derivamos el asunto hacia la crueldad del espectáculo, cuestión esta que es innegable.
Sin embargo, en la mayoría de los casos los que criticáis el mundo de los toros con los argumentos de siempre debéis considerar una parte esencial del asunto que a veces se os olvida, que es que muchas personas de una gran sensibilidad, alta capacidad intelectual, buen gusto por las cosas bellas, compromiso social con las causas injustas y por supuesto nada embrutecidas no se muestran en absoluto contrarias a las corridas de toros, sino que de hecho las aman, las consideran una forma de vida, tanto para ellos como para el animal, entienden y aprecian el ciclo de vida del toro, desde su nacimiento hasta su forma de morir, exigen la minimización del sufrimiento del toro, desde su transporte, hasta como se le lidia, pica, banderillea y mata; no escatiman elogios para los toreros valientes de verdad ni reproches y críticas hacia aquellos otros que ejecutan las suertes de la tauromaquia inadecuadamente y abusan de los toros, y por ultimo se maravillan cuando un toro es indultado por su bravura y calidad y vuelve al hogar. Estas personas no son parásitos, ni despojos de la sociedad, son personas que aprecian al animal y la forma artística y valerosa que tiene el hombre de hacerlo morir, forma cruel pero bella y absolutamente original.
Para terminar un breve reflexión: sufre más el toro o el león en su jaula, sufre más el toro o el pájaro en su pajarera, sufre más el toro o el ciervo al cruzar una autopista, sufre más el toro o la vaca conectada a la ordeñadora, sufre más el toro o el atún pescado con caña, sufre más el toro o el centollo cocido vivo, sufre más el toro o la ballena en el acuario … realmente no lo se, pero la vida y muerte del toro emociona a mucha gente, es un espectáculo bello en su adecuado contexto y como la vida y muerte de los otros animales forma parte de la actividad humana, pero no es necesariamente ni más ni menos cruel que aquellas, es diferente y muy explicita, por lo tanto más impactante.
Saludos a todos
Sigo pensando, querido comentarista, que tenemos un concepto diferente de lo que es “bello”. Si algo es cruel, para mí no puede ser bello. Lo lamento.
En cuanto a las personas intelectuales y sensibles, permítame dudar de su sensibilidad al menos.
Todos los animales que utilizamos para nuestra vida, en un momento u otro sufrirán. Es algo que yo asumo, y no puedo situarme en la posición radical de que deberíamos acabar con el sufrimiento de todos los seres vivos. Sin embargo, sigo oponiéndome de manera ferviente al sufrimiento innecesario, a la crueldad innecesaria, y sigo considerando que el que un cierto número de personas considere bello un espectáculo cruel, ni lo convierte en lícito ni lo justifica de ninguna manera.
Un saludo cordial.