Consumo
Hoy me gustaría plantearos una reflexión sobre el capitalismo feroz, pero no criticando el sistema en sí, sino nuestraactitud hacia el mismo, y en particular nuestra actuación con respecto al consumismo.
Buena parte de los problemas que surgen en las familias de las sociedades capitalistas es causa del endeudamiento, que también, por desgracia, es el fundamento del propio sistema. Pero, ¿cómo nos enfrentamos al consumo? ¿Consumimos más de lo que necesitamos? Es obvio que sí. Vivimos muy por encima de nuestras necesidades, y, cuanto más tenemos, más queremos. Nuestras posesiones materiales son amplísimas, y nos acostumbramos a querer todo lo que vemos, y a no conformarnos con lo que necesitamos. Somos unos caprichosos. Y yo, el primero. Me gusta tener una buena conexión a internet, un buen ordenador, un montón de libros que podría alquilar en la biblioteca pero que prefiero comprar, un disco de música con el que me he encaprichado. Prefiero freír un huevo con aceite de oliva virgen que con aceite de girasol, o ducharme gastando más agua caliente que la que necesitaría. Me gusta comprarme una cámara de fotos de ciento treinta euros que una de cincuenta, o viajar en el AVE antes que en Regional.
Somos unos caprichosos, en suma. Y que lo seamos las personas para quienes nuestros caprichos son, por nuestros ingresos, mínimos, pase. Pero que lo sean las personas que se permiten trajes de seiscientos euros, o opa interior de cincuenta euros, o mansiones nuevecitas en medio del pinar de Antequera, es un capricho que, a la larga, pagamos todos.
Y todo esto sin contar con que nuestros caprichos, que aumentan lo que necesitamos del planeta para sufragarlos, nos están llevando a la destrucción irremisible de nuestro medio. El territorio en el que vivimos es lo único que tenemos, y debemos cuidarlo. “Consumo”, en éste ámbito, me remite más a aquello que se quema y desaparece que a aqullo que gastamos en nuestro beneficio.
Quizá la solución es la educación. Quizá la salida a esta crisis del sistema capitalista reside en educar para que las personas aprendan a conformarse con lo que necesitan.

Si no consumimos más de lo que necesitamos, no hablamos de capitalismo, sino de sociedad de supervivencia. El capitalismo está pensado para crecer en base a necesidades artificiales, y sin ellas no progresa, por lo que es necesario crearlas de la manera que sea, para mantener tasas altas de consumo y así que el monstruo siga progresando. Es como un tiburón. Si se queda quieto se muere, así que tal y como están las cosas y tal como van, yo creo que “capitalismo” y “forma de vida responsable” son dos términos incompatibles.
La educación es importante. Es vital. Es la piedra angular que nos puede dar la solución. Pero es usada para todo lo contrario. Un sistema educativo deficiente y chapucero solo consigue que la mayoría de la gente se aleje de la cultura y del conocimiento desde edades muy tempranas y formar una malcontenta élite que tiene que buscárselas muchas veces para florecer y prosperar. Cultura y capitalismo también son opuestos, porque una de las cosas que te enseña la cultura es que hay cosas que no se pueden comprar con dinero, que es lo que se intenta precisamente en el capitalismo, comprar con dinero (sin éxito) aquello que no se puede.
Podría hacer un montón de reflexiones más de este estilo. Se que soy culpable yo también, aunque procuro llevar una vida lo más austera posible y hacerme más fuerte cada día y aprender cosas nuevas…
En fin, me parece una entrada muy acertada, y pienso que podrías haber sacado un post más largo y mucho más jugoso, pero aún así, me ha gustado.
No podría estar más de acuerdo con Erebus (excepto en lo de su vida austera, ahí ya no tengo opinión
). Pero que no sirva de precedente. Con lo que me gusta llevar la contraria…
Sólo hay una cosa que me llama la atención, y que además es una idea que he oído demasiadas veces sin que me convenza: eso de que el capitalismo intenta comprar con dinero aquello que no se puede, sin éxito. ¿Sin éxito? Bueno, puede que hoy en día haya algo que no pueda comprar el dinero, pero reconozco que ignoro qué puede ser. ¿El amor? Ni de coña: dame una pequeña cantidad de dinero y tendré sexo, dame mucho más y conseguiré amor y boda (y no me vengáis con que ese amor no es real: ¿por qué no es real? ¿qué significa “amor real”?). ¿La amistad? Tampoco: acumula unos cuantos milloncejos en el banco y ya verás si te surgen amigos (además, de los valiosos: jueces, banqueros, jefes de gobierno…). ¿La felicidad? Creo que no hace falta ni argumentarlo, dado que puedes comprar amistad y amor. ¿La vida humana? Os aseguro que, si uno es asquerosamente rico, puede permitirse matar a un par de personas. Hasta el derecho a contaminar el medio ambiente puede comprarse (Kyoto y su sistema de cuotas).
En fin, me alegraría que alguien me iluminara con esto: ¿Qué es lo que no se puede comprar con dinero? ¿Existe realmente?
Se me ocurre que lo único sería la dignidad o el orgullo, pero es algo tan subjetivo que dependería de cada persona.
Ya que estamos a la greña, creo que tenía una imagen en la mente cuando dije aquello de “cosas que no se pueden comprar con dinero”. Estaba pensando muy concretamente en la publicidad; el ejemplo más típico es el de los anuncios de coches: en un anuncio de un coche, normalmente no te venden sólo el producto que vas a poder comprar en el concesionario, te tratan de vender muchas veces otras cosas además: se me ocurre el ejemplo descarado de aquella marca (que no me acuerdo ahora cual era) que decía literalmente, palabra por palabra “Cómpralo y serás feliz”. Y así con muchas otras cosas… aventura, romance, sexo, exotismo, prestigio, fama… te las intentan meter en el precio de esas cuatro ruedas, cuando es claramente una apreciación falsa. ¿Me haría popular de la hostia si me comprara un Polo aprovechando mi nombre? Lo que quiero decir es que te dan una apreciación falsa de la realidad y de como conseguir determinadas cosas, y es lo que se consigue muchas veces con el consumismo, ya que la gente va muchas veces a comprar para “sentirse bien” para tratar de engañarse pensando que lo que dicen los anuncios es en cierto modo verdadero. Si que es cierto que el dinero puede hacer muchas cosas. Vete a un puti con la cartera llena y tendrás sexo y más sexo. Júntate con el tipo de mujer adecuada y dila que tienes dinero y tendrás boda y la cena en la mesa preparada para el resto de tus días (o de tus pelas), o sí, ten dinero y verás como te salen amigos importantes, pero el dinero en estos casos está comprando las circunstancias solamente; amor, amistad, felicidad y un largo etecétera son en realidad estados mentales, y como tales, no puedes influir en ellos de manera directa y única con la visa electrón. Si te quedas sólo con lo que te da el dinero, es como una especie de simulacro, no es real, porque las ideas no se compran, sólo sus circunstancias, o tal vez sus efectos, pero alcanzar todas esas cosas, siempre requiere de un tipo de estado mental, de una intenciones, de unas ideas…
Quizás eso sólo haga que quieras darme un capotazo, pero es un tema que a mí me interesa mucho, y no sé si te he contestado, pero si tienes algún comentario más me resultaría interesante leerlo.
Bien, bien, veo que nos animamos. Que acabo de salir calentito de mantener una discusión en clase de estética con el profesor-predicador (quien nos ha contado la historia de los poetas como si fuera la del pueblo de Israel, con Platón como si fuera el faraón y Nietzsche como libertador en plan Moisés… Tela), y vengo con ganas de jarana.
A ver, considero que tu comentario tiene dos partes. En la primera haces referencia al engaño de la publicidad, en la que realmente parece que te van a vender muchas más cosas de las que realmente te venden. Te ofrecen, por ejemplo, un coche como si éste te fuera a proporcionar (o, incluso, como si fuera necesario para) la felicidad, la fama o incluso el éxito sexual. La verdad es que yo no estaba pensando en eso cuando he escrito el anterior comentario y por eso reconozco que lo he pasado por alto, pero ahora que lo mencionas me parece muy importante y estoy completamente de acuerdo contigo. En este aspecto, coincido en que lo que te ofrecen es completamente falso y que la felicidad, la amistad y el amor rara vez se pueden conseguir por el simple hecho de comprar un coche o un desodorante.
Pero tu comentario tiene otra parte, en la que distingues entre “circunstancias” y “estados mentales”. Ahí ya no lo veo tan claro. Dices que, en los casos que yo mencionaba del sexo y la amistad, el dinero sólo puede comprar circunstancias y no estados mentales. Sinceramente, no tengo la menor idea de lo que puede significar eso. Cuando, por ejemplo, uno conoce a una chica de la que se enamora y con la que decide casarse porque lo hace feliz, ¿no es eso una circunstancia? Y, cuando uno amasa una fortuna considerable, que lo lleva a conocer a una mujer como Elle Macpherson, la cual decide empezar a salir con él fingiendo que lo quiere (o, incluso, creyéndoselo ella misma, porque estoy seguro de que ocurre), esa alegría inmensa que uno sentiría, ¿no es un estado mental? Así que en mi opinión no es correcto decir que “circunstancia” se refiere a lo que se compra con dinero y “estado mental” a lo que no. No tiene nada que ver.
Tal y como yo lo veo, TODO son circunstancias (si no, menciona algo que no lo sea), y esas circunstancias provocan en nosotros unos determinados estados mentales (suponiendo que tal cosa exista, aunque aquí he decidido concedértelo para hacer más sencilla la discusión). Son cosas distintas, y ninguna de ellas tiene nada que ver con el dinero. Lo que intento defender es que nuestras emociones (o estados mentales, como prefieras) no se ponen a distinguir si la causa que las produce ha sido comprada con dinero o no, simplemente reaccionan a un estímulo. Recuerda, si no, cuando éramos niños y uno de nosotros se compraba un balón o una videoconsola nueva, y de repente le surgían amigos a cascoporro. ¿No era real la alegría que se sentía? ¿Se puede decir que era “falsa”? En mi opinión, era muy real. Hoy en día se ha incluido todo dentro del mercado, cosas como el sexo, el amor, la amistad o la vida humana, y eso no significa que se hayan convertido en falsas. Considero que nuestra tendencia a decir cosas como “el amor verdadero no se compra” o “la vida humana no tiene precio” es producto simplemente de que no nos gusta lo que hay (pues vale, a mí tampoco me gusta) y no queremos aceptarlo; pero el hecho es que, como dicen, haberlo haylo.
Muy interesante…
Que la dignidad no se puede comprar con dinero? hay quien dice que todo el mundo tiene un precio. Puede que haya casos en los que ese precio no sea dinero (eso da bien para cuentecillos en plan Roald Dahl) pero en cualquier caso en los casos que sí, podrías comprar la dignidad de esa persona con dinero si quisieras…
Jajaj, curioso eso del profesor-predicador y la historia de los poetas (y encima sin la voz… LA VOZ!)
Bueno, bueno… Ya sé que llego un poco tarde, pero quiero rescatar esta conversación que se está poniendo frnacamente interesante porque vas a conseguir que me estruje las pocas neuronas a las que aun les quede capacidad de sufrimiento…
Como dijo Jack el destripador: “Vamos por partes”.
- Si no he contestado antes ha sido por problemas de índole informática: he tenido que reinstalar Windows deseXPeración varias veces en esta semana debido a fallos graves que fueron apareciendo porque sí, porque yo lo valgo, y por que Gates es la persona que más veces aparece con diferencia en mi lista negra. Pero no hay mal que por bien no venga: Antes no sabía como instalar Windows y ahora sí; así que en cierto modo es un momento de euforia. Ahora mismo soy Neo triunfando por una vez contra el hijoputa del Agente Smith-Microsoft que se empeña en hacerme la vida imposible a nada que me descuido. Ya sé que nadie me pedía explicaciones, pero las he dado porque me daba la gana y punto.
- Tengo unas ganas ENORMES de pasar a cuarto sólo para tener Estética con Sixto. Lo que cuentas sólo hace que me frote las manos con mayor fruición aún si cabe y elevar el tono de mis carcajadas malignas. En cuanto al relato de la clase que haces, me reservo la opinión hasta que pueda hablar con propiedad sobre el tema expuesto.
- Vamos al tema. Pisamos terreno pantanoso, “mon amie”, porque me parece que para contentar a tus exigentes y bien justificadas críticas voy a tener que afilar mucho el hacha para cortar por la parte exacta de lo que quiero decir, y no sé si seré capaz de hacerlo del todo bien.
Nos vemos obligados a delimitar que es real y que es ilusorio, que es sólo “mental” e incomprable y que es externo y comprable. Nos obliga a meternos también en terrenos muy resbaladizos como es el de las definiciones de conceptos como “valor de la persona” “dignidad” y otros muy similares. También me obliga a reflexionar sobre el término “circunstancia” y sobre el término “estado mental”, quizás haya estado usándolos de manera, aunque acertada para lo que quería decirme a mi mismo, quizás poco matiza o incompleta para los que lo habéis leido.
Veamos…
- Realidad interna/mental: Estados de conciencia, sentimientos, pensamientos, emociones, y un largo etcétera. No podemos interactuar con la realidad mental de los demás de manera directa. Por ejemplo: Si yo le digo a alguien de buenas a primeras que me ame, posiblemente no consiga más que un montón de carcajadas y a lo mejor una colleja por pretencioso.
- Realidad externa: Todo lo material que nos llega a través de los sentidos y con lo que podemos interactuar de manera directa. Por ejemplo, si yo me encuentro una piedra y le pego una patada.
- Sucede que para no caer en fodorianismo, ni en un platonismo fuerte ni nada por el estilo, tenemos que admitir que estas dos realidades están en perpetua interacción. Las circunstacias creo yo que pueden ser de ambas clases, como bien dijiste, José, así que eso te lo concedo. Circunstacia externa: que hoy llueva. Circuntancia interna: Que yo tenga una rara enfermedad mental de origen genético maniaco furioso depresivo y quiera matar de forma enloquecida a Fartos (aunque lo de matar a Fartos se entendería)
En base a esto, tenemos dos cosas de las que aún no he hablado, pero que son el centro de todo esto: El vil metal y cualidades como la dignidad o el valor de la persona. Esta claro que el dinero es algo externo. Sin embargo con él se trata de hacer interacciones de manera indirecta entre los estados externos y los internos. Ejemplo fácil con un silogismo hecho con el culo a las dos de la mañana, sucio, maloliente, con sueño, y con ganas de acabar con este comentario tan coñazo que os estoy endilgando:
– Para vivir necesito comer,
– Para comer necesito dinero,
– Luego, para vivir se necesita dinero.
El dinero no se come, no te da la supervivencia de manera directa, sino indirecta. Vas a la tienda y te compras un bocata, o los ingredientes para el bocata y te lo comes. De esta forma, en la sociedad moderna se trata que mediante esta forma de interacción indirecta se pueda conseguir TODO, que es cuando nos surge el problema.
Cuando se trata de cosas objetivas, como el hambre o necesidades básicas como una vivienda, no hay problema. Pero pasamos a cosas tan subjetivas como la dignidad o el amor y el terreno que pisamos se vuelve de lo más inseguro… casos como el que mencionabas tú mismo José, o como el de una supuesta esclavitud voluntaria, en la que, a cambio de dinero una persona se vende a sí misma, son posibles, de hecho se dan. Porque son valores subjetivos y aunque estén sujetos a unas convenciones y a unas definiciones comunes, todos le pueden poner sus condiciones (mira todo lo que te estoy concediendo). Pero aquí es donde entro yo y digo que conque haya un caso de una persona que no está dispuesta a vender por dinero alguno de sus atributos (dignidad, nobleza, amor, afecto, llámalo x), no esté dispuesta a que se cumpla ese silogismo tan cutre que puse arriba (pongamos que ha sido puesto a prueba y que ha resistido) para que podamos decir que el dinero ya no lo puede comprar todo, por que hay una persona, aunque sólo sea una en el mundo que ha sido capaz de resistir y de mantener su dignidad o su lo que sea al margen de subastas.
¿Qué comprobamos en el mundo? Que hay gente que por poder, por dinero, por sexo, por lo que sea, vendería hasta a su madre, y hay otros que son simple y llanamente insobornables de cualquier modo. Por lo tanto, y debido a la existencia de este último grupo y de la parrafada que te acabo de meter, creo que he hecho un comentario tan acertado como redundante. Buenas noches.
Erebus
Siento tardar en contestar, pero es que me he pasado la Semana Santa por ahí de jarana y sin acceso a Internet.
En primer lugar, una aclaración: lo que he contado de la clase de estética no era sobre Sixto (él nunca daría un clase tan absurda, créeme), sino sobre su sustituto. A lo mejor un día de esta semana me paso por clase para ver qué se cuece, pero me veo esperando a que vuelva Sixto (sí, Ahypnos, él y su voz…) para volver a clase. Ya veremos.
Segundo: “mon amie” es femenino (mi amiga), y yo, en mi humildad, me tengo por persona masculina. Es decir, que debería ser “mon ami”. Esto es sólo para demostrar que (contra todo pronóstico) mis clases de francés no son una pérdida absoluta de tiempo. Al menos me sirven para ir de tocahuevos por la vida y corregir a los demás…
Tercero: tus intenciones de matar a Fartos demuestran que posees un alto grado de cordura. Así que no te preocupes. Si fueras un maníaco depresivo tu reacción sería probablemente la de ir a sus tutorías y escucharlo con interés, no la de querer matarlo.
Cuarto (y ya vamos al tema): más o menos entiendo tu distinción entre realidad externa y realidad interna o mental, y entiendo (y comparto, me parece evidente) la idea de que están en continua interacción. Pero no llego a comprender qué intentas demostrar con esto. Comienzas tu argumento diciendo “en base a esto”, pero yo no veo por ningún lado que te bases en esa distinción. Únicamente utilizas la distinción entre objetivo y subjetivo, pero no se corresponde con la distinción entre realidad interna y externa (el hambre es claramente una realidad interna y sin embargo lo calificas de “objetivo”).
Quinto: independientemente de lo que acabo de decir, comprendo el final de tu comentario y creo que tienes razón: bastaría con que una sola persona no estuviera dispuesta a vender algo de sí mismo (su libertad, pongamos por caso) para que el dinero no pudiera comprarlo todo, y entonces la tesis que yo defendía antes se viene abajo. De hecho, en países como el nuestro está completamente prohibida la esclavitud, incluso si es con el consentimiento del esclavizado. Además, poco después de contestarte releí mi comentario y me dí cuenta de que cojea mucho en el ejemplo que mencioné del niño que tiene amigos porque se ha comprado un balón o una videoconsola nuevos. Ahora me doy cuenta de que, obviamente, eso no es “comprar la amistad”, puesto que el niño no está pagando directamente a sus amigos. Quizá sea otra cosa igualmente rechazable (amistad por interés material, o utilización del niño como medio para llegar a sus juguetes, no sé), pero no es lo que yo defendía. Así que caso cerrado.
LO de hablar de la voz sólo era una manera de hacer notar que sabía que no era él… soy pesada, pero quieor pe(n)sar que no tanto…