PERIDOXA

Inoportunos e hipócritas

Publicado en Política por J. Sanz en 27 Febrero 2009

bermejoHay pocas cosas peores en política que ser inoportuno. Demostrado queda con la dimisión del ministro-bravucón de justicia, personaje conocido ahora por todos con su caracter áspero y su poco sentido de la decencia. Ir de caza (de por sí un acto que yo considero ya salido de tono, pero opiniones como colores abundan por ahí) con el juez que está investigando uno de los escándalos más importantes de la historia política española, comparable al caso FILESA y los famosos fondos reservados (no me pidáis mucha explicación, era muy pequeñito yo por aquel entonces), es de un inoportunismo que choca frontalmente con los mínimos éticos y las bases de la decencia en política (más quisieramos tener algún político decente). Sin duda, el precio que ha pagado por semejante error, unido a la gestión lenta e ineficiente de un sistema anquilosado como es el de la justicia española, ha sido justo, pero no ha llegado a tiempo.

RajoyEso queda claro. Como me gusta ir por partes, pasemos al segundo adjetivo que da título a esta entrada: hipócritas. Si bermejo ha sido inoportuno hasta estremecer el sentido ético de los que creemos en un buen hacer y un buen presentar en política, la actitud de muchos dirigentes del PP, pero a la cabeza su representante y responsable (para algo está), Mariano Rajoy, es de hipocresía, tan criticable desde el punto de vista ético como la inoportunidad de Bermejo. Al juez Garzón, otrora adalid de la justicia y adorado héroe de las masas conservadoras cuando machacó sin clemencia la corrupción del Partido Socialista, se convierte ahora en un ser despreciable, un engendro inmoral y un peón de la gran cospiración bórica de los rojos de mie… de los socialistas. ¿Por qué? Sencillo: por investigar la corrupción en un partido político. ¿Cómo es posible que le denosten por hacer lo que hizo cuando le alababan? Sencillo: ahora les toca a ellos. Aplican ese sistema tan usado por los políticos españoles, y en especial por los políticos conservadores más rancios y por los pseudoprogresistas que no dejan de ser carcas con carcasa, ese sistema tan útil ante los ignorantes que solo quieren consignas de partido y arengas tribales: si afecta a mi enemigo, es bueno, si me afecta a mí, es inmoral. Se manifestarán, saldrán a la calle, desearán que Garzón no hubiera nacido, le odiarán hasta corroerse por dentro, y se olvidarán que en un tiempo le admiraron por hacer lo mismo que hace ahora. Solo que por entonces, ellos salían beneficiados. En mi pueblo, a eso se le llama hipocresía, y mi pueblo es muy grande y sabe mucho de castellano.

Garzón

Duele, ¿verdad? Los entramados de los grandes partidos, sus estructuras de poder y jerarquías, poco controladas, muy manejadas por amiguismos y poco guiadas por el talento, hacen que, desde la baja estructura local y regional hasta las altas esferas nacionales, la corrupción invada el partido político como un cancer invade un cuerpo débil. Ya ocurrió en el PSOE, y lo pagaron caro (recuerdo que hubo penas de prisión, además del precio lógico en las urnas), y ahora le toca al PP. Duele, pero es necesario. La limpieza, la transparencia, la actitud pública de respeto a los ciudadanos, sean votantes o no, es esencial para el buen funcionamiento de toda entidad que se presuponga quiere ser democrática.

Entre inoportunos e hipócritas se mueve la política en nuestro país. Será una impresión mía, pero el único aquí que ha metido caña a cada uno de los bandos, y jústamente por la misma razón, es el antes odiado por socialistas y amado por populares, y ahora odiado por populares e idolatrado por socialistas, juez Garzón.