El trabajo y la recompensa
Somos trabajadores. Todos. Es una afirmación que no parece admitir dudas. Todos, sea para lo que sea, desarrollamos un esfuerzo, ponemos de nuestra parte tiempo y energía para desarrollar algo. La cuestión es ¿qué es ese algo? ¿nos satisface?
Quien lleva a cabo trabajos manuales, ve como se desgasta su piel, se endurece al mismo tiempo que se agrieta. En definitiva, ve como el trabajo altera su propio cuerpo, redefine su forma de interactuar con el mundo. Observa los cambios, pero no siempre los buenos cambios. El que trabaja con sus manos se ofrece a si mismo esperando una recompensa.

Las manos de mi padre, trabajador ya jubilado
Cuando esa recompensa es el orgullo de la labor bien hecha, junto con la creación a la que ha dado existencia, parece justo el intercambio: mi esfuerzo, mi vida, mis manos, por el orgullo y la satisfacción de mi obra. pero, ¿qué ocurre cuando nuestro trabajo no tiene recompensa? ¿qué ocurre cuando el resultado de nuestras manos es un número en el banco? Viviremos, sí, y en ocasiones bien o en otras mal, pero viviremos. Compraremos comida, ropa, casa, y nos permitiremos ciertos lujos.
Pero siempre nos preguntaremos ¿dónde está mi obra? Como amante de la música, y acumulando los pocos años en los que llevo interpretando de manera ociosa obras de otras personas, me he dado cuenta del valor de lo intangible, y eso solo me ha ayudado a tener más presente lo importante de lo tangible. Ver es creer, y no ver desmoralizarse. Cuando la música que interpreto se acaba, cuando la obra se esfuma, siento un pesar y un vacío interior que solo puede ser remplazado con otra ejecución musical. Es una necesidad de continuidad para poder sobrellevar el caracter perecedero de la obra musical.
Pensemos ahora en el trabajador cuya obra es algo intangible no por lo inmaterial, sino por lo lejano. Cuando somos peones en un engranaje que da como resultado un bien ajeno, el orgullo y la satisfacción de la que antes hablábamos no existe, y el vacío de la obra intangible nos desmoraliza. El trabajador llega puntual a sus horas de trabajo, en las que invierte su tiempo y energía, y de las que no obtiene mayor recompensa que el hecho de continuar viviendo para trabajar un día más.
Sé que esto no es nuevo, que todos rápidamente lo estaréis relacionando con la alienación marxista, y es lógico que lo hagáis. Sé que, instantáneamente, veréis en mi escrito una encubierta ideología comunista que ya sabemos el daño que origina cuando se intenta llevar a la realidad, y es lógico que lo hagáis. Pero olvidaros por un momento de la historia, olvidaros por un instante de los derroteros traicioneros del marxismo y quedaros tan solo con esta pequeña idea: la satisfacción por el trabajo bien hecho, el trabajo y la recompensa.

Uno de los secretos de dicha satisfacción seguramente esté en sabes encontrar la recompensa sólo dentro de uno mismo.
Un abrazo Javi,
Borja
“Del homem mirem sempre els mans”, así decía Raimon en una de sus canciones más sensibles y para mí más dignas de ser recordadas. Basta contemplar las manos para saber lo que han hecho o pueden llegar de hacer. Las manos y la voz, la mente y el oido. La imagen toda de la persona íntegra y cabal. El placer de hacer las cosas y hacerlas bien, a sabiendas de que el esfuerzo siempre será compensado aunque sólo sea como satisfacción personal. Nada es efímero si se hace con voluntad de hacerlo bien, para que perdure. Incluso el trabajador que, alienado vende su fuerza de trabajo para procurar una plusvalía al capital, sabe que su vida puede abrirse, y debe hacerlo, hacia otros horizontes en los que su labor pueda verse reconocida y reconfortada por la palabra amiga o el reconocimiento de que lo que hace lo hace bien. Un saludo
Ese tiempo y energía que ponemos en la primera etapa de nuestra vida como trabajadores, no suele satisfacernos, pero despues tenemos la necesidad imperiosa de sacar adelante aspectos ineludibles en la vida de cada uno.
La “recompensa”, en mi caso y creo que en el de la mayoría de los trabajadores, está en la evolución de nuestra descendencia.
El “orgullo” está en haber logrado que esta evolución sea positiva.
Saludos
Borja, en nuestro interior suelen residir las satisfacciones y recompensas más fantásticas y más inaccesibles.
Fernando, reconforta, por supuesto, pero tú habrás observado la satisfacción de un escritor que ve publicado su libro, y que consigue que lo efímero tenga un soporte.
Papá, la descendencia es el trabajo por excelencia, en nada ponemos tanto esfuerzo como en nuestra descendencia, y nada es tan tangible y presente. En eso tienes razón.
Saludos a los tres.
no se muy bien como escribir en esta entrada, pero automaticamente se me viene a la cabeza la expresion “tempus fugit”.
Cada cosa a su momento, nos veremos recompensados por un buen trabajo hecho, en caso contrario, el resultado de nuestros actos será acorde. ¿no es acaso asi como funciona esto de la sociedad? ¿recibimos con respecto a lo que damos?
un saludo desde Soria
en breve en Valladolid ya
Cris, una cosa es la recompensa inmediata, la obra, el resultado de tu trabajo, y otra muy distinta el descanso tras una vida de trabajo. Saludos.
[...] hablábamos, me venía a la cabeza la reflexión sobre el trabajo que hice en una entrada anterior, en una referencia clara a la teoría marxista. Seguro que, pese a avisarlo, muchos lectores [...]