Homenaje a Francisco García Álvarez
Ayer acudí a un concierto homenaje por el quincuagésimo aniversario de Francisco García Álvarez, que a parte de su labor compositiva y su importancia en el panorama de la música contemporánea española, es el tío de Zagrodzki. Entre los intérpretes de sus obras se encontraban el pianista Diego Fernández Magdaleno y el violinista Luis García Álvarez, el hermano del compositor. La actuación fue fantástica, y el homenaje emotivo.
Sin embargo, quería resaltar hoy una idea que Francisco García soltó en el aire como si nada: los intérpretes han pasado horas y horas ensayando esas obras, preparándolas, para que en unos minutos, la música sea escuchada por los oyentes y desaparezca. Es, en cierta manera, la magia de la música. Su momentaneidad, ese caracter perecedero de cada interpretación. En eso se parece a la literatura oral, que una vez has recitado un poema, o relatado una historia o cuento, desaparece, y podrás volver otra vez a recitar la poesía, o a contar el cuento, pero nunca será igual.

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