Afonía
Tengo una afonía aguda provocada por una laringitis de aúpa. Esto no es más que una anécdota que no le interesa a nadie a no ser porque no puedo hablar.
Los que solo me conocéis por vía blog no sabéis que soy lo que se dice un gran aficionado a hablar. Me gusta mucho discutir, debatir, conversar, e incluso leer en alto de vez en cuando. La voz es para mí no solo una herramienta, sino un placer. Unido esto a mi afición por cantar en coros, actividad que desarrollo lo máximo que puedo y de la mejor manera que sé.
Pues bien, para mí es difícil permanecer en silencio ante otras personas, y ahora que me veo obligado a ello me acuerdo de un capítulo de los Simpson en que Homer tiene un accidente y se rompe la mandíbula, quedando incapacitado para hablar durante días. Homer aprende a escuchar a los demás, a interesarse por sus problemas, y descubre cualidades y características ocultas que no conocía de sus seres queridos.
También me acuerdo de Momo, esa maravillosa novela de Michael Ende, cuya lección más importante, a mi manera de ver, es que en muchas ocasiones es necesario que haya alguien que te escuche y no te hable, para valorar el sonido de nuestra propia voz, su cuerpo, su presencia más allá de nuestros labios, la vida que tiene desde que la dejamos escapar hasta que se diluye en el aire.
Valoremos el silencio para poder valorar nuestra propia voz.

Se pasa mal cuando no se puede hablar, se pasa mal.
Y, dado que no puedes hablar, te pones a escribir. Lo tuyo es patológico.
Mejórate pronto, Javier.
Un fuerte abrazo,
Diego
Apología del silencio.
Hay gente que viene con una curiosa cualidad,
ellos dicen que necesitan ruido,
sentir que algún foco de actividad,
que hay alguien ahí,
acompañándoles aunque sea mentira;
me resulta curioso este atroz miedo al silencio,
llevo viviendo tres años con uno de estos,
y sólo te diré una cosa,
con este tipo no se puede hablar,
y no se puede porque él no dialoga, discute,
riñe, pelea, jamás igual, jamás igual,
todo ello con grandes elevaciones de voz,
y estando siempre en el firme convencimiento,
de que experiencia es siempre, siempre, siempre,
equivalente a razón,
razón en virtud de la cual,
cualquier palabra que asome por mi boca,
queda inmediatamente revocada,
covirtiéndome a mí en el mudo,
y una cosa te diré más,
mi por ahora silenciado amigo,
cuando abre la puerta y se va,
me siento mucho menos solo,
que cuando por cualquier fruslería brama,
así que hay lo tienes,
el silencio es cosa preciosa,
cuando no caya a la justicia que todos merecemos,
y ahora que te encuentras así,
se que sabrás utilizarlo y mirar dentro,
meditar, mirar allí donde a veces no llega,
la luz de tu propia razón,
y mirar a los demás, y ver en ellos también,
aquello que quizás no viste antes,
silencio, silencio, origen de tanta belleza,
que cruel desprecio en una sociedad de ruido,
disfruta de tu ración de silencio.
Por cierto, ahora en serio; a parte de esta colgada de comentario-poema, espero que recuperes pronto la voz, que también es algo bueno cuando se usa bien.
Nos vemos.
Pedro, muy mal se pasa, desde luego. Sobre todo a los que nos gusta hablar de todo.
Gascón, patológico se queda corto. Casi metafísico diría yo.
Diego, gracias. Espero verte el Lunes, pero por si acaso, suerte con Luis en el concierto.
Erebus, tienes una paciencia descomunal, porque lo que me has contado de tu señor compañero de piso es para agotar el suministro de taponcillos para las orejas. Gracias por el comentario-poema.
Saludos a todos.
¡Metafísico! ¡Ha dicho “metafísico”! ¡A la calle!
Bueno, que espero que te recuperes pronto y te veamos el lunes por la facultad. En cierto modo me siento causante de tu laringitis, porque te propuse que quedáramos para ver una peli y cada vez que hago eso te pones malo o te surge algún problema… Ya lo siento, no lo volveré a hacer.
Ni se te ocurra no volverlo a hacer. Pues no me joroba a mi eso de ponerme malo cada vez que hay una peli buena por ver…
Yo creo que debo aprovechar a ir mañana a la facultad. Así podréis disfrutar de paz y tranquilidad en clase sin mis preguntas busca-cosquillas.