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Análisis de los Derechos Humanos, parte 2

En esta segunda entrega del análisis de los Derechos Humanos, vamos a afrontar con calma los primeros artículos de la declaración. Tras observar la trascendencia de los puntos iniciales del preámbulo, y encontrar en ellos tres características dignas de ser analizadas (recuerdo: carácter universal, carácter vinculante y educación), hoy vamos a desarrollar con detenimiento las conclusiones que obtenemos de los primeros derechos plasmados en la carta.

Los cinco primeros artículos refieren, de manera más o menos directa, a derechos sobre la igualdad y la integridad física. Pasamos a leerlos:

Artículo 1:

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2:

1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

2. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3:

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4:

Nadie estará sometido a esclavitud ni servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5:

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Sobre estos cinco artículos se edifica la idea de persona libre y dueña de sí misma, independiente, autónoma, y con derecho a su integridad y protección.

En primer lugar, la igualdad: el artículo 1 afirma tajántemente la igualdad de todos los seres humanos. Para justificar esa igualdad, refiere a dos características inherentes del género humano: razón y conciencia. Somos seres racionales, y somos conscientes de serlo. Además, sabemos que el resto de humanos tiene estas dos propiedades, y por lo tanto, no podemos dejar de considerarles iguales a nosotros.

En este punto, se introduce una obligación indispensable al aceptar la primera premisa: comportamiento fraternal. Ya que somos iguales y conscientes, razonablemente, de nuestra igualdad, debemos tratarnos fraternalmente los unos a los otros. Millones de citas podrían introducirse a este respecto, pero me limito a decir: no hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran a tí. Se apela a la empatía, a la capacidad de situarnos en el lugar del otro, para establecer una norma ética fundamental sobre la que asientan cualquiera de los demás derechos y libertades. Ya que a ninguno nos gustaría ser juzgados en un proceso sin garantías, debemos garantizar a los demás que no lo serán; ya que no nos gustaría ser torturados, debemos garantizar que nadie lo sea; ya que no quisieramos perder nuestra vida por medios no naturales, debemos evitar que esto ocurra a cualquiera.

En definitiva, sobre este primer artículo reposan todos los demás, así como la idea de universalidad de los derechos humanos. Esto nos lleva al primer punto importante de nuestro particular análisis: el carácter universal de los derechos humanos. En la entrada anterior advertimos que la universalidad absoluta de lo declarado en esta carta no es inherente el propio texto, ya que pueden existir individuos humanos que no acepten estos derechos y libertades. Lo que sí es seguro es que los artículos de la declaración tienen visos de universalidad. En mejores palabras, lo dicho aquí es un código de normas que pretende llegar a ser universal. El origen de esta pretensión y la herramienta que puede llevarla a cabo es el primer artículo: la igualdad.

El segundo artículo, en sus dos partes, asegura que el primero será aplicado en cualquier caso posible. Esto es, que no existe ninguna excusa posible para no tratar a cualquier individuo humano con la dignidad que merece por el hecho de serlo. Por desgracia, muchas de las distinciones a las que hacen referencia las dos partes del artículo 2 han sido usadas para negar los derechos humanos. Por poner un ejemplo reciente y conocido, hablemos de la base estadounidense en Guantánamo, a la que traeremos a colación sucesivamente como ejemplo de flagrante omisión de los derechos y libertades de los individuos humanos.

En la segunda parte del artículo 2 se asegura, entre otras cosas, que no se hará distinción fundamentada en el régimen del territorio en el que un individuo se situe. Es decir, que da lo mismo que estés en Nueva York que en Guantánamo, los derechos humanos están vigentes en cualquier lugar. Como sabemos, los Estados Unidos han utilizado Guantánamo como limbo jurídico, como territorio ajeno a cualquier derecho internacional, ley o tratado. Por referir a otro ejemplo en que un territorio se convierte en limbo jurídico, podemos encontrarnos con Gaza.

Sobre el artículo 3 poco más que decir que no pueda concluir cualquier persona al leerlo. Tan solo remarcar el hecho de que tenemos derecho a la seguridad de nuestra persona. No solo no pueden arrebatarnos la vida ni la libertad, sino que no pueden atentar contra nuestra seguridad. Por supuesto, conocido es ya que cualquier hecho criminal llevado a cabo por un delincuente atenta contra este derecho básico. Lo que quizás no está tan claro es que en muchas ocasiones el delincuente que atenta contra nuestra seguridad no es un individuo concreto, sino un estado (para más ironía, estados que han aprobado los Derechos Humanos).

El derecho a la libertad de la persona asegura, entre otras cosas, la privacidad y la intimidad. Nadie puede realizar ningún tipo de intromisión en nuestra intimidad. Por supuesto, se abre un interesantísimo debate sobre dónde está el límite de la intimidad personal, y dónde la línea entre la privacidad de una persona y la seguridad de otra se vuelve tan fina que es tan fácil cruzarla como difícil justificarlo. De todas formas, es un derecho que quedará más claro en el artículo 12.

En el cuarto artículo, se redunda en el hecho de que el único propietario de una persona es esa misma persona. La esclavitud, problema creciente en nuestros días en diferentes maneras, queda radicalmente prohibida. Por supuesto, si entendemos como jurídicamente vinculante la declaración de los Derechos Humanos, todos los países deberían incluir esta ley en su código jurídico, y deberían perseguir intensamente el crimen de la esclavitud. Por supuesto, ya que casi ninguno (o ninguno, por decirlo claramente) de los países firmantes de los derechos humanos aceptan la vinculabilidad jurídica de los mismos (a los hechos hay que remitirse, las palabras son bonitas pero poco efectivas), este problema sigue siendo una prioridad en los programas de las ONGs que luchan por consolidar los derechos humanos en todas partes.

Por último, el quinto artículo habla de la integridad física de una persona. Nadie, bajo ningún concepto, puede ser torturado. Es una sentencia tan firme y concisa como leve su aplicación, ya que observamos a diario como la tortura se sigue aplicando en sus múltiples formas (tanto física como psicológica). De nuevo, no sólo los delincuentes individuales realizan estas prácticas, sino que bajo el paraguas protector de muchos estados, se realizan en nombre de naciones firmantes de la declaración (ejemplos como Abu Graib, o la tortura en China, en Israel, en Irán, y un larguísimo etcétera, así como los muchísimos casos de brutalidad policial en las democracias occidentales, creo que me dan la razón).

Además de no poder ser torturado, nadie puede ser sometido a tratos inhumanos o degradantes. De nuevo surge el debate: ¿qué son tratos inhumanos o degradantes? Mi respuesta, tan directa como vagas pueden ser sus interpretaciones, lo sé: no hagas a nadie lo que no quisieras que te hicieran a tí.

En resumen, estos cinco artículos, como vimos al inicio del análisis, son los cimientos sobre los que se eleva la idea de libertad individual, derecho a la vida y a la integridad, y universalidad de los seres humanos. En la próxima etrega, analizaremos el cómo se protegen estos derechos y libertades: con la justicia.

  1. 17 diciembre 2008 en 8:33

    Has emprendido un trabajo de exégesis e interpretación muy valioso e interesante. Aunque ya existen trabajos similares, te animo a publicarlo, ya que aludes a aspectos y perspectivas que enriquecen mucho el contenido de ese documento fundamental ante el que demasiada gente se muestra escéptica. Sería una forma de contrarrestar esta corriente de pesimismo que nos invade. Un cordial saludo

  2. 17 diciembre 2008 en 8:41

    Es una magnífica tarea de divulgación y análisis. Lo mejor de nuestra Historia está en ese texto.

  3. 17 diciembre 2008 en 14:23

    Gracias por vuestros ánimos, todavía queda mucho, espero que el resto os guste.
    Saludos.

  4. gray&white
    17 diciembre 2008 en 16:23

    El texto es muy bueno, y espero que continues con lo iniciado sin demora. Aprovecho para añadir, ya que es mi primera intervención, que he leido tus otros post, muy interesantes todos ellos. Como apunte, te amino a profundizar en la parte histórica del tema religioso, con la que estoy seguro se podrán mantener muy buenas conversaciones.

  5. 17 diciembre 2008 en 17:17

    Leyéndolos de manera un poco más detenida, se me hacen bastante nihilistas estos artículos de los derechos humanos: ese individuo que se reclama a sí mismo como único dueño y propietario de su persona en todos los campos esenciales… en otras palabras: los derechos humanos nos hacen por derecho señores, y no esclavos de nada ni de nadie… esa es una de sus primeras consecuencias. Irónico, ¿no? Primero utilizamos vilmente a Nietzsche para deformar su filosofía para justificar tantos horrores como muertes hubo en la segunda guerra mundial, y después lo enmendamos. Y sí, como dice Gray&white, el tema religioso aquí es muy interesante de ver. Baste pensar en el Parlamento de las Religiones del Mundo de Hans Küng, otro texto que quizás te podría interesar bastante y que yo te puedo pasar cuando quieras

  6. José A. Gascón
    18 diciembre 2008 en 7:46

    Esa es una de las mayores burradas que he oído en mucho tiempo…
    El nihilismo consiste en la negación de todo principio, dogma o significado de cualquier tipo en este mundo (etimológicamente “nihilismo” significa “doctrina de la nada”). No es “un individuo que se reclama a sí mismo”, eso no tiene nada que ver. Más bien es un individuo que no cree en nada. Así que eso de que los Derechos Humanos sean nihilistas… Sólo lo serían si dijeran algo así como “Artículo 1: Nada importa una mierda”.

    Creo que Nietzsche no tiene nada que ver con esto. La Declaración de Derechos Humanos tiene influencias muchísimo más claras (Rousseau, Montesquieu, Locke, Bodin, Voltaire,… quienes, por supuesto, son cualquier cosa menos nihilistas).

  7. 19 diciembre 2008 en 12:24

    Veo que se inicia una interesante discusión. En mi opinión, Gascón tiene razón en lo del nihilismo. Los derechos humanos suponen una doctrina en la que, razonablemente, se puede creer y confiar, lo cual elimina cualquier atisbo de nihilismo.
    Relacionar la filosofía de Niestzche con los derechos humanos es hilar demasiado fino, en mi opinión. Es mucho más fácil ver las repercusiones de Kant, Locke, Montesquieu, etc.
    Saludos.

  8. 19 diciembre 2008 en 13:12

    Obviamente. La ONU parece sacada en cierta forma de aquella idea de Kant del gran estado cosmopolita. Y por supuesto que tiene influencias muy notorias de Locke, de Rosseau, de Montesquieu, pero me parece que alguien aquí no ha leído “Así habló Zaratustra”, o si lo ha hecho, debería leerlo de nuevo para entender que decir que el Nihilismo de Nietzsche es a secas “doctrina de la nada” o del “me la suda todo veinte kilómetros” es reducir la cuestión de manera injusta. Habría que hablar del nihilismo decadente, en el que estamos, y sobre el que el propio Nietzsche no decía nada bueno, y el nihilismo ascendente, en el que se rompe con la escala de valores anterior y se pone una nueva, más justa en realidad y más acorde con la dignidad del hombre, con su nobleza. Y esto es un cambio, una superación. De igual manera que la declaración de los Derechos Humanos supuso una superación moral indiscutible. Leed a Nietzsche, por favor, pero sin haberlo leído antes en las palabras de otros, que es peligroso.

  9. José A. Gascón
    19 diciembre 2008 en 14:06

    Pues lamento desilusionarte, pero te voy a dar una mala noticia: no tienes la exclusividad en lo de leer a Nietzsche. Por supuesto que he leído “Así habló Zaratustra”, y también he leído “La genealogía de la moral”. Te recomiendo encarecidamente ésta última para entender el punto de vista de Nietzsche sobre este tipo de cuestiones.

    Creo que está más claro que el agua que a Nietzsche los Derechos Humanos le parecerían un caso típico de moral de esclavos, un código ético que nos intentan imponer los resentidos para que todos nos situemos al bajo nivel en que se encuentran ellos. Si hay algo que le habría repugnado totalmente a Nietzsche es precisamente ese artículo primero: “Todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos”. Ese intento de la moral de esclavos de situarnos a todos al mismo nivel es una de las cosas que más deploraba Nietzsche.

    Por eso, si hubieras leído un poco más detenidamente a Nietzsche, te habrías dado cuenta de lo que significan para él las palabras “dignidad” y “nobleza”. Él siempre se refiere a la nobleza homérica, a la dignidad del guerrero, y elogia constantemente la supremacía de los más fuertes sobre los más débiles. No se refiere a una dignidad humana que es exactamente la misma para todos. Y supongo que te darás cuenta también del odio constante que le tiene al concepto de “compasión”.

    Nietzsche aportó a la filosofía muchas cosas que valoro, sin duda, pero eso de adaptar a un autor que nos gusta a nuestras propias ideas es una costumbre muy extendida y muy absurda. Nada hay más incompatible que Nietzsche y los Derechos Humanos.

  10. 21 diciembre 2008 en 11:53

    Vale. Creo que aquí he sido yo el celote. Sí que es cierto que Nietzsche le tenía auténtico asco a la compasión y a todo lo que oliera a moral religiosa, aunque a veces fuera bueno… Dignidad y nobleza sí que son homéricas y totalmente guerreras en su caso. Y es posible que me haya pasado un poco de talibán y que tenga que volver a leer un par de cosillas (que nunca estará de más). Aún así, siento que los Derechos Humanos tendrían que tener ese afán de superación constante. Como bien dices en “Una nueva era” un organismo de esas características para la aplicación de los derechos es un paso muy prometedor. Yo pondría su número hasta en las páginas amarillas. Pero si no protestamos y no ponemos un poco de mala leche, creo que al final todo se quedará igual.

  11. 25 abril 2010 en 14:11

    eres un patético ignorante con ordenador, lee más antes de querer presumir…

    puaf

  12. Anónimo
    11 julio 2011 en 3:50

    invesillllll taradazo

  13. Anónimo
    11 julio 2011 en 3:51

    ME sirvio mucho GRASIASS♥

  14. eliza
    12 junio 2013 en 0:33

    me sirbe muxo esta pagina

  15. Anónimo
    27 junio 2013 en 21:22

    GRACIAS FUE MUY BENEFICIOSA ESTA PAGINA

  16. Anónimo
    4 octubre 2013 en 8:04

    Interesante.

  17. Anónimo
    29 abril 2014 en 16:53

    me suenan muy bien todos esos comentarios

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