PERIDOXA

¡Arriba las manos, esto es un concierto!

Publicado en Cultura, Música, Música clásica por J. Sanz en 26 Noviembre 2008

Hace tiempo que quería reflejar en el blog una medida que me ha indignado de manera muy profunda en esta temporada cultural.

Como todos sabéis (si no lo sabéis, pues os lo cuento), soy un gran aficionado a la música clásica, y me encanta ir a todos los conciertos que pueda. Agradecí mucho cuando se inauguró el nuevo auditorio, con más plazas y mejor sonoridad que el Teatro Calderón (sobre el que tampoco es que me pueda quejar). Sobre todo, agradecí el gran muestrario musical con que el Centro Cultural Miguel Delibes nos hace gozar temporada sí temporada también.

auditoriovalladolidPocas quejas tengo acerca de la Sinfónica de Castilla y León. Siempre se puede mejorar, pero es una orquesta de bastante calidad, y su repertorio lo demuestra.

Por supuesto, mi ciclo favorito es el de “Grandes Orquestas”, porque me da la oportunidad de escuchar en directo a orquestas y directores de fuera de Castilla y León, y generalmente, de fuera de España. La temporada pasada disfruté como un enano del concierto de Dudamel y la Jóven Simon Bolívar de Venezuela, o de la Filarmónica de la BBC, por citar algunas.

Pero lo que más agradecía es que pudiera hacerlo por nueve euros (eso sí, en galería, pero no me supone un problema). Sin embargo, debe ser por la crísis, pero este año sea quien sea el que gestione y decida los precios de los conciertos en el Auditorio, se ha subido a la parra de manera salvaje. Donde antes pagaba nueve euros, ahora pago once, a menos que sea menor de veintiséis (gracias papá y mamá por vuestro oportunismo histórico que me permite ahorrarme dos euros). Pero donde antes pagaba un concierto de grandes orquestas como un concierto de la sinfónica de aquí, ahora tengo que apoquinar ni más ni menos que treinta y cinco euros, o treinta si compor la entrada de manera anticipada. Ahora pago lo mismo por ver una orquesta de fuera en el patio de butacas, en el palco de escenario, o en el quinto pino de galería.

Si alguien, por favor, tiene la destreza suficiente para explicarme esta ruin decisión, le estaré muy agradecido en que lo haga. Mientras tanto, tendré que jorobarme y no ver más que los conciertos de la sinfónica y muy de vez en cuando. Para empezar, ya me he perdido el de este año de Dudamel, cosa que me ha enervado bastante. Y me perderé  fantásticas actuaciones de maravillosas orquestas.

Una vez saciado mi apetito de berrinche, solo quiero hacer notar una cosita más: no he visto aun el auditorio lleno. Lo máximo han sido dos tercios de entrada. ¿No os resulta ridículo?

Laicismo y educación

Publicado en Obispos, Política, Viñetas por J. Sanz en 24 Noviembre 2008

sansonHace no demasiado tiempo traía de nuevo el tema del laicismo y la aconfesionalidad a discusión en el blog. Conocéis de sobra mi posición, pero la recordaré para los que pudieran ser nuevos. Me declaro a favor de un estado garante de los derechos básicos de libertad religiosa, sin discriminaciones, ni positivas ni negativas, hacia ninguna confesión determinada. Me declaro, por tanto, a favor de un estado laico, aconfesional, y totalmente neutro en los asuntos religiosos. Denuncio por ello el concordato que el Estado español mantiene con el Estado vaticano. Denuncio la posicione favorable que se le otorga al catolicismo en nuestro país. Denuncio la confesionalidad de instituciones y actos públicos. Y defiendo, por encima de todas las cosas en este término, que la educación pública esté exenta de cualquier inclinación religiosa.

Por tanto, comprenderéis que me alegre profundamente de que en Valladolid, en el colegio Macías Picavea, se hayan retirado los símbolos confesionales herederos de una tradición anticuada y obsoleta como es la educación pública confesional. Y sobre todo cuando los que ajos comen, se pican y mucho. Poco a poco, se van ganando libertades y se va construyendo una sociedad más tolerante y moderna.

“Ascética, Salvatores Dei” (II)

Publicado en Filosofía, Literatura por José A. Gascón en 22 Noviembre 2008

Para seguir con el ciclo Kazantzakis (y concluir; no sufráis no tengo intención de poner todas las citas del mismo autor), ahí va la oración con que concluye esa maravillosa obra que es la Ascética:

Creo en un Dios, Akrita, Digenis*, reclutado, sufridor, poderosísimo, no todopoderoso, luchador en las fronteras más extremas, general emperador en todos los poderes luminosos, los visibles y los invisibles.

Creo en las innumerables, efímeras máscaras que tomó Dios en los siglos y distingo tras el incesante fluir la unidad incorruptible.

Creo en su importante lucha en la vigilia, que doma y fructifica la materia -fuente vital de vegetales, animales y humanos.

Creo en el corazón del hombre, la tierra de la avienta, donde día y noche lucha el Akrita con la muerte.

“¡Ayuda!” clamas, Señor. “¡Ayuda!” clamas, Señor, y oigo.

Dentro de mí los antepasados y los descendientes y las razas todas, y toda la Tierra, oímos con terror, con alegría, tu grito.

Dichosos cuantos oyen y se lanzan a liberarte, Señor, y dicen: “Sólo tú y yo existimos.”

Dichosos cuantos te liberaron, se unen contigo, Señor, y dicen: “Tú y yo somos Uno.”

Y tres veces dichosos cuantos mantienen, y no se doblegan, sobre sus hombros, el magnífico, abominable, gran secreto:

¡Y este Uno

no existe!”

*Digenis Akritas fue un héroe bizantino épico que aparece en diversos cantos populares, basado en un personaje histórico auténtico que murió hacia el año 788 de nuestra Era. Durante la Edad Media fue el ideal de guerrero griego.

Derechos de los animales

Publicado en Filosofía, Reflexiones, Solidaridad por J. Sanz en 20 Noviembre 2008

Leo en el prefacio al Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, de Jean Jacques Rousseau:

En efecto, parece que si estoy obligado a no hacer ningún mal a mi semejante, es menos por ser un ser razonable que por ser un ser sensible: cualidad ésta que, siendo común al animal y al hombre, deba dar a aquel por lo menos el derecho de no ser maltratado inútilmente por éste.

Y luego recuerdo:

Toro de la Vega, Peridoxa

Toro de la Vega, Campos Abiertos

Toro de Medinacelli, Campos Abiertos

Toro de la Vega, Sansón

Y espero que poco a poco sirva para algo. Por cierto, la frase citada es del s. XVIII. Da que pensar, ¿verdad?

Me gustan las cosas que brillan, ¿y a ti?

Publicado en Anuncios, Economía, Estética, Filosofía, Reflexiones por J. Sanz en 19 Noviembre 2008

Resulta una afirmación curiosa y un tanto desconcertante eso de que “fundamentamos todo nuestro sistema económico en el valor que le otorgamos a ciertos materiales por encima de otros”. Me refiero, cómo no, al oro, a los diamantes, a las piedras preciosas, a la plata, etc.

Esto viene, para aclarar a los profanos mi divagación, de la clase de estética de hoy. La cuestión primordial es: ¿por qué otorgamos valor al oro? Como dice el profesor, “estoy abierto a sugerencias y posibles respuestas”.

OroLo primero que pensamos, lógicamente, es en el valor práctico. Ahora sabemos que el oro es un superconductor, que viene muy bien a sistemas informáticos, a teléfonos móviles, etc. Bien, el oro tiene un valor práctico. Pero eso lo sabemos, parafraseando al profesor citado, “desde ayer por la tarde”. No podemos aplicar ese conocimiento de las cualidades electromagnéticas del oro a los egipcios antiguos, a los helenos, o a los españoles del s. XVI, por poner un ejemplo. Más allá, no encontramos ningún valor práctico al oro. Además, por ese criterio, lo más valioso del mundo debería ser el agua potable, pero a mí, aunque cada día estén las cosas más caras, no me cobran el agua a precio de oro.

Anulado el criterio de practicidad, vamos al siguiente posible: es un bien escaso. Bueno, aun en caso de que esto fuera cierto, no es una razón demasiado fuerte como para fundamentar toda la economía en un materiarl. También es escaso el uranio, o incluso peor, es perecedero el petróleo, y aunque le llamemos “oro negro”, no cuesta un gramo de petróleo lo que cuesta un gramo de oro.

Podemos pensar que es por la dificultad de su extracción, pero caemos en el mismo error que antes.

Llegamos al maravilloso punto de las cualidades visibles del oro: brilla. Cualidad que comparte, curiosamente, con los diamantes, con la plata, con las piedras preciosas, y con multitud de cosas que brillan y valoramos por el hecho de que brillan. Me diréis, “también brillan otras cosas y no le damos el valor que le damos al oro”. Touché. Pero resulta que es curioso que la consideración del oro como valioso es transcultural. Muchas culturas a lo largo del tiempo han considerado el oro como objeto valioso, y de manera independiente entre sí.

Nuestro querido amigo Plotino ya decía algo así como que el brillo, la claridad, la luminosidad, nos resulta bello, es decir, nos proporciona una experiencia estética agradable. Somos como niños, que corren curiosos y emocionados ante el primer objeto que encuentran que destaca entre los demás por su brillo. Esto, que es el fundamento de la estética de la luz, por la cual las catedrales góticas abrían grandes ventanales para que la sala se inundara de luz y tener a Dios más cerca (la luz es la manera por la cual llegamos a Dios), se convierte ahora en el principal criterio de valor de un material sobre otro. Es decir, y cito (no textualmente) otra vez al profesor en cuestión: “la Reserva Federal está llena de valiosos lingotes de algo que nos gusta porque brilla”.

Entonces, llegamos a una reformulación de la frase que origina esta reflexión: “fundamentamos todo nuestro sistema económico en el valor que le otorgamos al oro, más que nada, porque nos gustan las cosas que brillan”.

¿No es un poco siniestro, y más aun ahora, en tiempos de crisis económica?

 

Nota: Queda abierta por fin la sección de Artículos, en donde he colgado algunos de los que estaban en la antigua y poco funcional página Arjegós, y en la que espero seguir colocando más nuevos artículos ensayísticos. Estáis invitados a enviarme por mail lo que queráis, y yo consideraré, lo prometo, la posibilidad de incluirlo en la sección.

“Ascética, Salvatores Dei”

Publicado en Filosofía, Literatura por José A. Gascón en 18 Noviembre 2008

Venimos de un abismo oscuro; terminamos en un abismo oscuro; al espacio iluminado intermedio lo llamamos Vida.”

Frase inicial de la Ascética de Nikos Kazantzakis, mi nietzscheano favorito.

Que la disfruten.

Y, ahora, el Tribunal Superior de Justicia…

Publicado en Política por José A. Gascón en 16 Noviembre 2008

El pasado 12 de noviembre todos recibimos una noticia amarga. Ahora resulta que el Tribunal Superior de Justicia en Valladolid reconoce una supuesta “objeción de conciencia” a la asignatura Educación para la Ciudadanía, así que los alumnos de Castilla y León(o los padres, que ya sabemos quiénes son los que imponen su criterio) que no quieran cursarla no están obligados a hacerlo. Así de fácil.

La polémica que ha rodeado desde el principio a esta asignatura es una de esas cosas que hacen que a mí me duela España, que diría Unamuno. Una cosa tan simple, tan básica como es una educación que forme ciudadanos sensibles a los Derechos Humanos y comprometidos con la democracia origina en este país una trifulca de proporciones exageradas. Incluso se han llegado a tomar medidas de chiste malo, como en la Comunidad Valenciana, donde la asignatura se está impartiendo en inglés, nada menos. Y les estoy hablando de las mismas personas que después firman emocionados un manifiesto a favor de la lengua española. La coherencia al poder.

Sin embargo, quizá lo más grave es que, como siempre, se manipula a la sociedad española omitiendo detalles fundamentales sobre esta ley, presentándola como el simple capricho del gobierno de turno. Aquí, en este país donde el pueblo aún prefiere dejarse llevar por el discurso de su político favorito y se niega a informarse y reflexionar, nadie sabe que en octubre de 2002 el gobierno de Aznar apoyó una resolución del Consejo de Europa en la que se pedía que los Estados “hagan de la educación para la ciudadanía democrática un objetivo prioritario de la política educativa y de sus reformas“. Nadie sabe que existe un Programa Mundial de Naciones Unidas para la Educación en Derechos Humanos, al que España se adhirió en 2004, que prevé la introducción de la educación en Derechos Humanos en los currículos de primaria y secundaria antes de 2009. A nadie se le ha dicho que esta asignatura existe ya en más de 20 países desde 2005, por lo que España se estaba quedando atrás en este campo.

Pero claro, toda esa información resulta poco útil para manejar al pueblo español. Sale mucho más rentable, políticamente hablando, decir que esta asignatura pretende adoctrinar a los niños. Claro, porque todos los cursos en los que me tuve que tragar yo la asignatura de Religión no pretendían adoctrinarme, evidentemente. Me habría gustado haber tenido la ocurrencia en aquellos días de alegar objeción de conciencia a la asignatura de Religión, a ver qué me decían los del Tribunal Superior de Justicia.

No lo habrían aceptado, claro está. De hecho, no creo exagerar mucho si aventuro que su respuesta habría sido algo así como “España es un país católico por su historia y su tradición” y mamarrachadas semejantes. Y ahí llegamos al verdadero problema: España no es un país democrático por su historia y su tradición. En este país se pueden mancillar la democracia y los Derechos Humanos, nunca han significado nada para nosotros, pero ¡ojo!, no nos toquen la religión católica. Y después nos vanagloriamos orgullosos de nuestro laicismo y nos atrevemos a criticar a los regímenes islámicos, como si nosotros ya hubiéramos llegado al final de un camino que ellos aún deben recorrer. La estupidez de este país es tan grande que, cuando por fin se consigue una Constitución que instaura un régimen democrático y consolida los derechos de todos los ciudadanos, aquí se sacraliza esa Constitución y se olvidan los derechos, la democracia, el laicismo y lo que haga falta.

Y es aquí, en esta España que necesita una asignatura de Educación para la Ciudadanía como el beber, donde luchamos para quitárnosla de encima. Enhorabuena a todos, hemos conseguido vencer a la Ilustración por segunda vez.

La universidad en peligro

Publicado en Política, Universidad por J. Sanz en 15 Noviembre 2008

manifestación-contra-bolonia-010Desde hace mucho tiempo, ciertos sectores con poder vienen intentando que todo, absolutamente todo, sea privatizado. Creíamos que frenarían cuando consiguieran dejar al estado en bragas, sin empresas públicas, sin influencia en los mercados (mirad a lo que nos ha llevado eso: crisis económica). Pero no, su avaricia no tiene límite. Ahora pretenden privatizar no solo la salud, sino tambien la educación.

Ahí me tocan la fibra sensible. No puede ser que la universidad caiga en manos de las empresas, que todo dependa del capital privado, que las becas se conviertan en hipotecas, y que los universitarios pasen a ser esclavos del mercado y sus intereses.

manifestación-contra-bolonia-039Con la excusa bien elegida de unificar los planes de estudios a nivel europeo (contra eso no tengo nada), se van a realizar una serie de medidas, bien explicadas aquí, que nos acercan irremisiblemente al marco de lo privado y empresarial. La universidad irá desnudandose de todo lo teórico y acercandose a la practicidad que exija la empresa “x” que domine la carrera “y”, y las ayudas a los estudiantes que no pueden hacer frente a las matrículas pasarán a convertirse en prestamos de bancos, esos bancos que son tan sólidos que tienen que ser nacionalizados con el primer estornudo del mercado.

Yo he ido a protestar, y conmigo, miles de personas en toda España. Esta universidad que planean no es la que los estudiantes deseamos, y creemos que no es la que la sociedad necesita.

Twain, toma 4

Publicado en Genealogía de Mark Twain, Humor, Literatura por J. Sanz en 11 Noviembre 2008

Concluimos:

Una genealogía ilustre

Apendice, por Mark Twain

continuación…

El bisnieto de Juan Morgan floreció en 1600 y pico. En los anales populares de América se le llama “El Viejo Almirante”. Pero me consta que la puntillosa Historia le distingue con otros apelativos.

Durante bastantes años ejerció mando en numerosos barcos bien armados y equipados; barcos todos ellos velocísimos; quizá los más veloces de cuantos surcaban los mares.

En posesión de tales corceles oceánicos, no causará extrañeza que al “Viejo Almirante” le divirtiese hacer correr a los pesados galeones de comercio. Nave que él divisara y tuviese a la vista, duplicaba y aun centuplicaba su marcha. Mas, si por ventura, no sacudía su pereza, sulfurábase el Almirante hasta el punto de caer sobre la pícara tortuga y llevársela al punto donde el gran estimulador de velocidades amarraba sus bajeles. Una vez allí, quedaba el barco ajeno cuidadósamente conservado, hasta que sus armadores iban a reclamarlo. Cosa que nunca hacían, dicho sea de paso.

Mientras tanto, y a fin de que el ocio no matase de aburrimiento a la tripulación del navío castigado, obligábala el Almirante a hacer ejercicio físico seguido de un baño. Era un pasatiempo divertidísimo, llamado en la jerga marienra “saltar del trampolín”. Sin duda debía agradar a los saltarines, por cuanto ninguno de ellos formuló jamás protesta, grande ni chica, acerca del ameno juego.

Si los armadores se hacían esperar demasiado, poseído el Almirante de santa indignación prendía fuego al barco detenido. Con lo que se evitaba la pérdida del seguro.

Y así se deslizó la plácida existencia de este simpático lobo de mar. Pero llegó un día, ¡día nefasto!, en que vio interrumpida bruscamente su brillantísima carrera. Cogióle la muerte en la plenitud de sus funciones y de sus dignidades. La inconsolable viuda del grande hombre estuvo creyendo hasta el mismo instante de llamarla Dios a su seno, que, de interrumpirse la vida de su esposo quince minutos antes, acaso podría haver resucitado el bravo marino el día del Juicio Final.

Carlos Enrique Twain vivió durante la segunda mitad del siglo XVII, y fue celosísimo y famoso misionero. Dícese que convirtió dieciséis mil mahoríes, enseñándoles, entre otras varias cosas, que un collar de dientes de perro y unas gafas no constituían vestimenta adecuada para presenciar los servicios religiosos.

Aquella amable grey adoraba a su pastor. Cuando este feneció, los dieciséis mil mahoríes salieron del banquete funerario llorando como un solo hombre, y diciéndose que jamás volverían a tener un catequista de tan buenas presndas personales; tan tierno y exquisito en todas sus cosas. Muchos mahoríes convenían, sin embargo, en que Carlos Enrique Twain había resultado poco misionero para tantos hijos espirituales.

Y aquí hago punto final. En cuestiones genealógicas es poco prudente meterse en biografías de antecesores ya muy cercanos. Es preferible proceder como yo he procedido: hablando vagamente de los antepasados lejanos, y luego pasar de un salto a los tiempos actuales. Ya en ellos, hablaré de mí.

Nací pequeñito y sin dientes, circunstancia en que me han aventajado otras personas ilustres, entre ellas Ricardo III, quien vino al mundo con su dentadura completa. En cambio yo nací sin joroba. Y en esto aventajé al susodicho monarca. Mis padres no fueron ni muy pobres ni… pero ahora caigo en que comparada mi biografía con la de mis antecesores habría de parecer pálida. Más vale dejarla para cuando me ahorquen.

Si algunas biografías de las que me ha tocado en suerte leer se hubiesen interrumpido en la espera de un suceso como al que acabo de hacer referencia, ciertamente hubiera tenido por qué felicitarse el público. ¿No les parece a ustedes?

Cosas que deben cambiar

Publicado en Política, Reflexiones por J. Sanz en 7 Noviembre 2008

Con el indecente apoyo de los Estados Unidos, Israel ha estado cometiendo barbaridades que da miedo sólo imaginar.

Ahora que se habla tanto de las cosas que tienen que cambiar con la llegada de Obama, creo que no podemos olvidarnos de este crudo conflicto, desproporcionado e injusto. Israel y Palestina son dos estados que comparten un mismo territorio, solo que uno tiene un ejercito bien armado y preparado, y sustentado ante el resto del mundo por la primera potencia mundial, y el otro tiene sólo hombres y mujeres que, de pura desesperación, se inmolan y asesinan a israelíes.

Hoy he visto en un artículo de El Pais un relato asqueroso de lo que puede llegar a hacer el odio.

Si no queréis leer completo el artículo, os transcribo la conversación:

Soldado: -”¿Quieres un caramelo?”.

Detenido: -”Caramelo”.

Intercambian unas palabras y se escucha la carcajada desenfrenada de un uniformado.

Soldado: -”Di: Papá fue a trabajar”.

Detenido: -”Trabajar”.

S: -”No. Papá”.

D: -”Papá”.

S: -”Fue”.

D: -”Fue”.

S: -”A trabajar”.

D: “A trabajar”.

S: “Te traerá un regalo”.

D: “Regalo”.

El joven militar pide un aplauso a sus colegas.

S: “Y Golani”.

D: “Y Golani”.

S: “Te traerá un palo”.

D: “Palo”.

S: “Para tu culo”.

D: “Para tu culo”.

Supongo que podéis imaginaros el resto. Acabemos con esto, por favor.