Críticas
Estoy de vuelta, después de este largo periodo de sequía en el blog. Algunas cosas han cambiado, somos menos que antes, pero no por ello daremos menos que hablar. Estoy satisfecho con el resultado de este año, aunque no escondo mi decepción por muchas cosas que podrían haber ido mejor. Estos últimos días he descubierto que mi gusto por la filosofía, que en priuncipio consideraba vocacional, y del que luego dudé que tuviera dicha condición, simplemente se había deteriorado a causa de la (entiendo) aparente incompatibilidad del sistema con mi manera de ver la filosofía. No es que vaya a poner a caer de un burro el sistema educativo (de nuevo). Ya recibe por todos lados sin la necesidad de que yo vuelva al ataque. Simplemente, ahora soy consciente de que el formato que me hace alejarme de las lecturas de los propios filósofos y desviarme a manuales y apuntes hace que pierda el interés en la filosofía, así como las divagaciones de disciplinas filosóficas que, si bien entiendo que alguien puede entender necesarias, a mi me parecen un estorbo a mis intereses filosóficos.
Por eso, y con el ánimo recuperado tras leer a Schopenhauer y Nietzsche, o a Marx y John Stuart Mill, y sobre todo por mis largas lecturas de Hume, me dispongo a enfrentarme (por fin) a uno de esos monstruos poco agraciados por su estilo en la escritura, pero que no podemos obviar como grandes filósofos: Kant. Ni estoy de acuerdo ni dejo de estarlo con las ideas filosóficas del prusiano, porque, aunque parezca mentira, después de cuatro años estudiando filosofía, creo que sólo he necesitado leer un par de trocitos de Kant para aprobar las asignaturas en que aparecía su doctrina. ¿Es esto una vergüenza para la educación filosófica? En mi opinión sí, pero mi opinión cuenta poco en los asentados y firmes círculos académicos, que prefieren perder el tiempo en horas y horas de asignaturas, en largos temarios y eternos tacos de apuntes, así como en manuales (útiles, pero tan solo sesgos de la filosofía original). Por mi parte (y no espero que estén de acuerdo casi nadie de los que hasta ahora han compartido conmigo el interés por la filosofía, prefiero alejarme de ese academicismo rancio de las citas eruditas, de las clases magistrales y la memoria como herramienta de conocimiento, y acercarme a los filósofos directamente, leyéndolos, entrando en contacto con ellos. Tengo sobre mi mesa la Crítica del Juicio, en la estantería la Crítica a la Razón práctica, y en espera de que me lo traigan a mi librería de cabecera, la Crítica a la Razón pura. Huyendo de las interpretaciones diversas de las tres obras, prefiero adentrarme, con riesgo, no lo niego, en una lectura directa, para al menos, cuando vuelva a fijarme en las opiniones e interpretaciones de los eruditos, saber de qué hablan, y no sucumbir en la adulación en aquellos que se limitan a citar y citar para no decir nada.
Es una tarea difícil, pero la encuentro más gratificante que la que hasta ahora me ha acompañado. Os deseo buen verano, y espero recuperar el ritmo de los buenos tiempos del blog.
AK colectivo
Hace poco que se ha iniciado un nuevo proyecto en internet, en esta ocasión alrededor del debate, crítica y reseña del arte contemporáneo.
AK colectivo, como se explica en su nota explicativa, “es un grupo de trabajo formado por personas dedicadas al estudio del arte actual. AK colectivo reseña exposiciones, publica periódicamente su trabajo teórico en números monográficos y actualiza el blog con cuestiones de interes en el mundo de la cultura contemporánea”.
El fenómeno blog nos brinda de nuevo la oportunidad para la discusión abierta. Para mí es un gran placer colaborar en este proyecto, y espero que los resultados sean del agrado de todos vosotros, si decidís prestar un poco de vuestra atención al mismo. De la misma manera, cualquier colaboración, idea, o sugerencia será bien recibida.
Honor, ética, dignidad y… ¿política?
¿Es el honor algo ajeno a la política? ¿Es la ética un estorbo para que los políticos consigan sus fines? ¿Existe algún atisbo de dignidad en la clase dirigente de las democracias occidentales?
Son interesantes preguntas que en España tienen sencillas respuestas: si, el honor y la política parecen ser dos ámbitos totalmente divergentes; desde luego, la ética no es un estorbo, sino una ilusión que a día de hoy parece irrealizable en los políticos españoles; en España, la dignidad es aquello que unos dicen tener por la sencilla razón de alegar que los otros no la tienen, pero en realidad ninguno la posee.
Sin embargo, existen lugares donde aun es posible encontrarse actitudes dignas. En Reino Unido, ante el escándalo producido en el gobierno y la cámara de los comunes, se suceden las dimisiones de políticos salpicados por dicho asunto. ¿Fueron dignos al aprovecharse de los fondos del gobierno para llevar a cabo cuestiones particulares? No, desde luego. ¿Son dignos al dimitir? Sí, sin duda. La dimisión de conciencia, aquella dimisión que, o bien por propia voluntad o bien por presión externa se produce ante un escándalo que va en contra de una mínima ética del servicio público, se produce, en primer lugar, para salvaguardar la dignindad y el honor de las instituciones en las que los políticos participan únicamente como representantes de los ciudadanos, y en segundo lugar, para salvaguardar lo poco de dignidad y honor que pueda quedar en el político en sí.
¿Se imagina alguno de vosotros dimisiones en España de ese tipo, por ejemplo, en la Comunidad Valenciana?
Interesante cuestión.
Segundo aniversario de Peridoxa
Hace dos años que inicié este proyecto. Ha tenido sus momentos buenos, sus momentos lánguidos, sus explosiones de contenido, pero no recuerdo ningún momento malo en la trayectoria de este joven blog.
La experiencia, para mí, ha sido sin duda gratificante. He aprendido de todos y cada uno de los post que he escrito, o que ha escrito Zagrodzky y Gascón. Y por supuesto, he aprendido de los comentarios y respuestas de cosotros, los lectores.
Me gustaría agradecer a cada uno de los que habéis pasado por aquí con un apretón de manos y un abrazo efusivo vuestra colaboración y apoyo. Un blog puede sobrevivir sin comentarios, pero pierde todo el sentido. La grandiosidad de este canal que se nos ha ofrecido en la entrada de este prometedor siglo XXI es la comunicación. El blog supone la discusión que en otros tiempos, como ahora, se produce en las cafeterías de tertulia, en los pasillos de las facultades, o en las casas de los amigos. Sin embargo, internet trasciende lo local, y si sólo uno de mis colaboradores no vive en la misma ciudad que yo, lo que hemos conseguido es crear una cafetería virtual, en la que, sentados junto a un café y frente al monitor, podemos discutir con orden, sosiego y respeto de aquellos temas que nos vengan en gana.
Muchos me dicen que este blog responde a mi vocación de filósofo (si es que de verdad tengo esa vocación), pero que sobre todo, responde a mi afán y gusto por el debate, el intercambio de ideas, etc. Yo sólo digo que es un grano más de arena en la inmensa playa de la discusión en el ciberespacio, donde muchos blogs como el mío, mejores la mayoría, se abren a nuestras pantallas como soportes del movimiento cultural del mundo moderno.
En este año se han introducido varias novedades, como las entrevistas, la publicación de artículos propios y ajenos, y más recientemente la apertura de foros de debate permanentes sobre temas filosóficos. Me gustaría que todo lo que rodea a este proyecto perviva al menos un año más. Por mi parte tened la seguridad de que así será. Perderemos algunos colaboradores y ganaremos otros. Sin embargo, hemos de asumir este proceso y este cambio, porque la discusión está viva.
Otro punto que me gustaría señalar es el hechod e que todo lo que en este blog se produce es altruista. La cultura no debería tener precio, a mi entender. Y aquí demostramos que, al menos una parte de este mundo cultural que formamos, la parte del debate y exposición de ideas, no lo tiene. Me niego, al menos por el momento, a invertir ni un solo euro de manera particular en Peridoxa. A la larga, puede que el tiburón del capitalismo me muerda las piernas y me obligue a comprarme una jaula en la que encerrarme, pero considero que mi mayor inversión en este mundo es mi tiempo, que no se puede pagar, como el de todos vosotros, ni siquiera con todo el oro del mundo.
Espero que hayáis disfrutado de estos dos años de trayecto como yo lo he hecho. Os seguiré escribiendo, y deseo que me sigáis respondiendo.
Gracias a todos.
“Los pescadores de perlas”, de Bizet
Estos días he estado (y estaré) un poco desaparecido por aquí. La razón es sencilla.
La universidad prepara cada año una ópera, que será representada los días 13, 15 y 17 de Mayo, a las 20:30 los dos primeros y a las 19:30 el último. En esta ocasión, yo también participo, dentro del coro, en la cuerda de tenores.
Os animo a todos a que vayáis. La entrada cuesta 5 € y las representaciones se llevarán a cabo en el Auditorio de la Feria de Muestras de Valladolid. Las entradas están a la venta en “Justo Muñoz”, en el Palacio de Santa Cruz y, en los próximos días, en taquilla.
Es importante que llenemos, no por nosotros, sino por el interesante proyecto que supone preparar una ópera y acercarla a la gente de manera que el precio que normalmente no baa de los veintitantos, sea asequible para un público no acostumbrado a la ópera.
Espero veros a todos por allí.
Novedades en “Conversaciones filosóficas”
Queda abierto el hilo de discusión acerca del tema:
¿Para qué sirve la filosofía?
en la sección Conversaciones filosóficas. Espero vuestra participación.
Conversaciones filosóficas
Hace unos días, Gascón inició una interesante conversación a raíz de una foto que se encontró en Chipre. Para los que no estén al día, les recomiendo la lectura del post y comentarios titulados Arte. Dicha discusió permanece aún, y más por motivos técnicos (el blog tira para arriba y tiende a desaparecer el hilo de conversaciones anteriores), me gustaría traer de nuevo a colación el tema del arte.
Viendo el éxito que éste tipo de discusiones filosóficas ha tenido, voy a abrir otra sección, además de la de Entrevistas y la de Artículos, en la que colocaré en formato página permanente este tipo de conversaciones (por el momento, aquella que refería al mundo del consumo (¿Puede comprarse todo?) y ésta relativa a la estética (¿Qué es el arte?).
Espero que sea útil este sistema, porque me apena que, a medida que aparecen nuevos post, se van olvidando estas Conversaciones Filosóficas.
Idiomas
El idioma es, en primer lugar, una necesidad, y en segundo lugar, una herramienta artística. Pero nunca debería ser un arma, una imposición, o un mecanismo de control.
En España tenemos la inmensa suerte de poseer varios idiomas reconocidos como tales y multitud de dialectos y hablas. Esos idiomas son el castellano, catalán, gallego, euskara, la fabla aragonesa y el bable, si no me equivoco. Deberíamos enorgullecernos de la pluralidad de lenguajes con los que los españoles pueden comunicarse, así como de las inmensas posibilidades artísticas que esto supone. Nadie me negará que es una maravilla que en nuestro país puedan darse poetas en gallego, o que exista una maravillosa prosa en euskara, o que el catalán nos proporcione bellas canciones.
Sin embargo, en ese mal hábito de los españoles de autofustigarnos y de encontrar la manera de tirarnos piedras en nuestro propio tejado, hemos convertido los idiomas en lanzas que nos clavamos indiscriminadamente. El recuerdo de la represión franquista en los lugares bilingües de nuestro territorio es reciente, y quizás por ello, sin justificación alguna, la represión se ejerce ahora, de manera diferente, pero no por ello menos inadecuada, hacia el idioma castellano, único oficial en todo el territorio. No encuentro malo la potenciación de idiomas como catalán o euskara o gallego; pero no encuentro razonable que la manera de potenciarlos sea a costa del castellano.
Los políticos nacionalistas, profundamente radicales en sus convicciones, defienden a capa y espada la identidad de su pueblo (que no deja de ser una identidad homogénea que intentan imponer a los que viven en su territorio) mediante el uso partidista y sesgado de un patrimonio tan importante como es el idioma. Las políticas lingüísticas que se llevan a cabo en Cataluña, Galicia o Euskadi dan verdadero asco.
Yo soy vallisoletano, y tengo a bien haber nacido en un famoso lugar para el castellano, pero tengo a mal el perderme el placer que supone ser bilingüe de nacimiento. Sin embargo, ese premio de la fortuna que podrían tener los vascos, gallegos y catalanes, es usado por sus políticos para enfrentarles al resto de los españoles, y supone para los que no hablamos esos idiomas una imposibilidad de hacer vida en aquellos lugares, de encontrar trabajo o de estudiar, aunque hablemos todos un idioma común.
Los idiomas no lo son de los territorios, ni de las naciones, ni de los países o estados, ni de los partidos políticos o de las ideologías; los idiomas no son de las identidades homogéneas que nos intentan imponer, ni de la historia tergiversada que nos intentan colar. Los idiomas son de las personas. No lo olvidemos. El catalán no lo habla cataluña, sino las personas que allí viven; y no es propiedad de la “nación”, sino de los individuos que lo hablan.
“Eso”, de Mario Benedetti
Al preso le interrogaban tres veces por semana para averiguar “quién le había enseñado eso“. Él siempre respondía con un digno silencio y entonces el teniente de turno arrimaba a sus testículos la horrenda picana.
Un día el preso tuvo a súbita inspiración de contestar: “Marx. Si, ahora lo recuerdo, fue Marx”. El teniente asombrado pero alerta, atinó a preguntar: “Ajá. Y a ese Marx, ¿quién se lo enseñó?”. El preso, ya en disposición de hacer concesiones, agregó: “No estoy seguro, pero creo que fue Hegel”.
El teniente sonrió, satisfecho, y el preso tal vez por deformación profesional, alcanzó a pensar: “Ojalá que el viejo no se haya movido de Alemania”.
Fragmento de Despistes y Franquezas, de Mario Benedetti.
